103. Guiso de Abadejo al Azafrán (32 min).

La primera vez que probé este plato siendo “adulta” fue de la mano de mi prima Arantxa, un día de verano, al volver de la playa, y me encantó. Pero lo cierto es que, según me dijo después, la receta original era de mi yaya (la madre de mi padre). Luego hice memoria y sí que es verdad que recordaba a los dos, mi yayo y mi yaya, disfrutando de este plato que yo, en mi ignorancia de la niñez, no veía para nada atractivo. Y es que muchas veces hay que hacerse mayor para poder valorar muchas cosas y entender otras tantas, y yo cuando volví a probar el plato de manos de mi prima entendí que realmente era un “platazo”. Así que hoy, con especial agradecimiento a mi prima por habérmelo re-descubierto y en homenaje a mis yayos, voy a compartir hoy esta receta con vosotros. Espero que os guste tanto como a mí.

Vamos allá con los ingredientes, como siempre, para una ración de este plato:

  • 50 gr de cebolla limpia
  • 200 gr de abadejo (del lote que empezamos para nuestra anterior receta de Abadejo al cava con crujiente de puerros).
  • 120 gr de patatas de guarnición, ya limpias.
  • 220 ml de agua
  • Harina
  • 10 hebras de azafrán
  • 1 hojita de laurel
  • Sal
  • 3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra.
  • Un poco más de aceite (para freír el pescado)

Para preparar nuestra receta, lo primero que haremos será cortar la cebolla en tiras cortas, de 0,5 cm de ancho aproximadamente por 3-2 cm de largo. Cuando la tengamos, pondremos una cazuela antiadherente al fuego al 60% de potencia, con las tres cucharadas de aceite de oliva. Cuando el aceite se haya calentado, pondremos a rehogar la cebolla y la tendremos así, removiendo de vez en cuando, durante 7 minutos. Mientras tanto, pelaremos las patatas y las cortaremos por la mitad o en 3-4 partes, dependiendo de lo grandes que sean. En definitiva, nos han de quedar pedazos de unos 3 cm de diámetro. Os recomiendo en este paso, para que la salsa ligue, que al cortar las patatas en trozos, en el último momento las rompáis. Esta parte rota se deshará con más facilidad durante la cocción del guiso, engordando la salsa.

Cuando hayan pasado los 7 minutos de la cebolla, añadiremos la patata. Le daremos unas vueltas para que coja algo de calor y, seguidamente, le añadiremos sal, la hoja de laurel, el azafrán y los 220 ml de agua. Lo taparemos, bajaremos el fuego al 50% de potencia y empezaremos a contar el tiempo, pues, desde este momento, el guiso deberá estar al fuego un total de 20 minutos.

Mientras la primera parte del guiso está en marcha, abordaremos la segunda: el pescado. En este punto, salaremos y cortaremos nuestro abadejo en tacos, de unos 4 cm de lado en esta ocasión. Los pasaremos por harina y los freiremos en abundante aceite bien caliente (al 70% de potencia) durante 45 segundos por cada lado. Los sacaremos con cuidado de no romperlos y de escurrir bien el aceite sobrante. Lo reservaremos en un plato y lo incorporaremos al guiso cuando queden unos 10 minutos de cocción. Durante estos últimos 10 minutos, que ya nos irá quedando menos caldo, debemos tener la precaución de sacudir o “menear” nuestra cazuela de vez en cuando para evitar que se pegue al fondo y remover a la vez el contenido de la misma.

Cuando lleguemos a los 20 minutos, comprobaremos que la patata está hecha. Lo haremos pinchándola con un tenedor y, si no nos pone resistencia, es que está lista. Si lo está, apagamos el fuego y listo; si no lo está, lo aguantamos un poquito más al fuego hasta que la tengamos lista. Cuando lo tengamos, solamente nos quedará servir el guiso en nuestros platos hondos y ¡disfrutarlo!

¡Bueno provecho!

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95. Asadillo, según la receta de la Sra. Inés (60 min)

Cuando en la receta anterior os hacía un apunte sobre los tomates (os dije que ya os hablaría de ellos) no os conté que preparé la receta Irish con unos tomates muy especiales. Se trata de tomates de la huerta de mi amiga Virginia, en Almodóvar del Campo. Pues bien, tuve el grandísimo placer de compartir con ella y su familia: sus padres, Antonio e Inés y los trillizos. ¡¡A cada cual más encantador en esta familia!! Pues bien, además de darme cobijo en su casa, tuvieron a bien darme un segundo obsequio después de mi visita: unas berenjenas estupendas, unos pimientos deliciosos y estos grandiosos tomates de la huerta que Antonio trabaja con tanto esmero. Pero no sólo me dieron estos estupendos productos (cosa que los urbanitas como yo no podemos encontrar fácilmente), sino que la señora Inés me dio dos recetas clásicas de su familia para aprovechar los productos de la huerta. Hoy os expongo aquí, con su permiso, la primera de ellas, el asadillo, que es además un plato típico de esta zona de Ciudad Real.

Vamos allá con los ingredientes que necesitamos para hacer dos o tres raciones (hoy nos salimos de la línea habitual, las recetas para uno, pero merecerá la pena poder disfrutar de este plato durante varios días). Necesitaréis entonces:

  • 750 gr de pimientos rojos grandes
  • 450 gr de tomates buenos (estos son buenos-buenos, y los mismos que usamos para preparar el sándwich irlandés, con lo que enlazamos así las dos recetas).
  • 5 cucharadas de aceite de oliva
  • 1/3 de diente de ajo
  • Lo que cabe en la punta de un cuchillo de comino molido (o 1/5 de cucharadita de las de moka).
  • Sal
  • 1 huevo

Para preparar el asadillo, lo primero que tenemos que hacer es poner a calentar el horno a 200 grados. Mientras el horno se calienta, limpiaremos bien los pimientos, los secaremos y los “masajearemos” con las manos untadas de aceite de oliva. Cuando los tengamos embadurnados, los pondremos en una bandeja para horno profunda y los meteremos en el horno, donde los tendremos un total de 40 minutos (20 minutos por un lado, tras lo cual le daremos la vuelta y los tendremos otros 20 minutos asándose por el otro lado). El proceso es exactamente el mismo que describíamos para las recetas de la Ensalada de Pimientos Asados y el Moje de mi abuela, así que si queréis asar más pimientos y hacer estas recetas… ¡estáis invitados! Pinchad sobre los nombres para llegar a cada receta.

Pero no nos distraigamos y centrémonos en el asadillo. Mientras los pimientos están en el horno, vamos a preparar el resto del plato. Tenemos que pelar los tomates y quitarles las semillas, para quedarnos sólo con la pulpa, la “carne” de los tomates. Cuando terminemos de eliminar piel y semillas, los cortaremos en cubitos y reservaremos. Pondremos una sartén al fuego, al 50% de potencia con 5 cucharadas de aceite de oliva. Cuando el aceite esté caliente, añadiremos los cubitos de tomate y una pizca de sal, y freiremos el tomate, removiéndolo a menudo, durante 25 minutos en total. Pasado ese tiempo, apagamos el fuego, y reservamos nuestro tomate frito.

Paralelamente a freír el tomate, tendremos que cocer el huevo si no lo tenemos cocido. Para ello, ponemos agua a hervir con un poco de vinagre. Cuando el agua rompa a hervir, introduciremos con cuidado el huevo en el agua con ayuda de una cuchara para que no se golpee y se rompa. Lo mantendremos en el agua hirviendo durante 12 minutos y ¡listo!

Llegamos ahora a la fase final del plato (es un plato un poco entretenido, lo sé, pero está bueníiiiisimo). Cuando los pimientos hayan terminado de asarse, los sacaremos del horno, los dejaremos enfriar un poco y les quitaremos la piel, pedúnculo y las semillas. Cortaremos en tiritas el pimiento y las pondremos en una fuente, escurriendo casi todo el caldo de cocción que hayan soltado. Eso sí, reservad un poco en una taza por si, al mezclarlo con el tomate frito, queréis que quede un poco más suelto.

Cuando tengamos cortados los pimientos, los mezclaremos, como os decía, con el tomate frito y le añadiremos el tercio de diente de ajo rallado, el comino y sal. Probamos de sazón y corregimos si es necesario. Con la textura igual, si os ha quedado un poco seco, añadís un poco más de caldo del que habíais reservado. Cuando esté a vuestro gusto, lo servís en una fuente acompañado con el huevo duro cortado en cuartos y…. ¡¡¡A disfrutar!!! Está de “toma pan y moja” (nunca mejor dicho).

Gracias Virginia e Inés por la receta!! Y gracias Antonio por los tomates!!

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75. Guiso de Garbanzos con Langostinos (30 min + previo opcional)

Cuando mi compi de cata, David, me habló de esta receta no pude evitar quedarme sorprendida por la combinación. ¡No se me habría ocurrido nunca mezclar langostinos con garbanzos! Desde luego, tenía curiosidad por saber cómo abordar esa combinación en un guiso… No hizo falta tirarle mucho de la lengua para que revelara el secreto 😉 cosa que le agradezco enormemente porque el resultado es espectacular. ¡Menudo saborazo! ¡Os animo a probarlo!

Vamos allá con los ingredientes, como siempre, para una persona (ya sabéis, si sois más, a multiplicar…):

  • 100gr de garbanzos cocidos (de los que cocimos ayer para la receta del hummus. Si no los tenéis cocidos, ver en esta receta el paso PREVIO. También podéis optar, si preferís, por garbanzos en conserva).
  • 1 tomate (de 100gr)
  • 30 gr de cebolla
  • 60gr de pimiento rojo
  • 3 cucharadas de aceite
  • 150 gr de langostinos crudos (yo descongelé con tiempo unos que tenía en el congelador tras la receta de sándwich de gambas y pimientos del piquillo rellenos de gambas).
  • 2 cucharadas de brandy (también teníamos una botella abierta de cuando preparamos los muslitos de pollo en pepitoria de piñones).
  • ½ cucharadita, de las de moka, de pimentón dulce
  • ½ cucharadita, de las de moka, de pimentón picante
  • 4 cucharadas de tomate frito
  • 200 ml de agua
  • Sal

Para preparar este guisito, lo primero que tenemos que hacer es picar en pequeños cubos los ingredientes del sofrito (cebolla, pimiento y tomate) y reservarlos por separado. Pondremos una sartén con dos cucharadas de aceite de oliva virgen extra a calentar, al 50% de potencia. Cuando esté caliente, añadiremos en primer lugar la cebolla, que rehogaremos durante 2 minutos. Tras esto, añadiremos el pimiento y seguiremos rehogando, removiendo a menudo, durante 5 minutos. Pasado este tiempo, tendremos que añadir el tomate en cubitos y los dos pimentones. Removeremos bien y rehogaremos 2 minutos más. Por último, añadiremos el tomate frito, rehogaremos un minuto más y apagaremos el fuego; reservando nuestro sofrito en la sartén.

Si tenemos maña, el siguiente paso lo podemos ir haciendo entre los intervalos de espera del sofrito. Si no la tenemos, no pasa nada, podemos empezar ahora con él  😉  En cualquier caso, lo que nos toca ahora es preparar el caldo. Para ello, pelaremos los langostinos, reservaremos la carne en el frío, y las cabezas y las carcasas las pondremos a dorar en una cazuela con una cucharada de aceite. Cuando estén doradas (2-3 minutos después), añadiremos las dos cucharadas de brandy y dejaremos que reduzca otro par de minutos. Añadiremos ahora los 200 ml de agua y un poco de sal y dejaremos cociendo todo junto durante unos 10 minutos.

Si ya tenemos listo el sofrito y el caldo… ¡ya lo tenemos casi todo! Verteremos ahora el sofrito en la cazuela de las gambas, lo mezclaremos y lo trituraremos muy muy bien con la ayuda de la batidora (al menos durante un par de minutos). Nos quedará un puré “sospechoso” que tendremos que filtrar bien con ayuda de un colador. La pasta de carcasas de gambas la tiraremos y nos quedaremos con el sabroso líquido que va a constituir el caldo de nuestro guiso. Conviene que lo probéis ahora para corregir de sazón si fuera necesario.

Este caldo, lo pondremos en una cazuela al fuego, al 60% de potencia, a la que añadiremos los garbanzos cocidos y los langostinos crudos, y mantendremos al fuego durante 4 minutos, para que la salsa reduzca, los garbanzos se impregnen y se cocinen los langostinos. Apagamos el fuego, servimos y.. ¡¡¡disfrutamos!!!

¡Gracias David!

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68. Mini Tarta de Santiago (27 min)

Vamos a darnos hoy un caprichito dulce, aprovechando que tenemos almendra molida vamos a “darle caña” a este clásico de la cocina gallega que es uno de mis postres favoritos. Siempre me había impuesto respeto, porque me parecía que sería muy difícil… pero cuando comprobé en mis carnes la sencillez y rapidez del plato… ¡¡¡me tiraba de los pelos por no haber empezado antes a experimentar con ella!!!! Digo experimentar porque esta receta que os pongo aquí es un pelín distinta a la receta clásica, pero la variación ensalza la jugosidad y el sabor original del plato… Vamos ya con los ingredientes de la mini tarta de Santiago:  

  • 62 gr de almendra molida (justo lo que nos sobraba tras preparar la salsa romesco y el bacalao al horno con crujiente de Idiazábal)
  • 50gr de azúcar blanco
  • ½ cucharadita, de las de moka, de ralladura de piel de limón (cuidado no ralléis la parte blanca, que amarga).
  • 1 cucharada de Pedro Ximénez
  • 1 huevo
  • Mantequilla para engrasar el molde
  • Azúcar glass para decorar (y papel, lápiz y tijeras para preparar la cruz…)

Para preparar la tarta, lo primero que haremos será encender el horno, para precalentarlo a 190 grados. Una vez hecho esto, prepararemos dos boles. En uno de ellos echaremos los ingredientes secos: la almendra molida, el azúcar blanco y la ralladura de limón y mezclaremos bien. En el otro bol, cascaremos y echaremos el huevo y lo batiremos junto a la cucharada de Pedro Ximénez. Cuando el contenido de los dos boles esté bien mezclado, echaremos el huevo en el otro bol y mezclaremos hasta tener una pasta homogénea.

Ahora simplemente tenemos que preparar el molde individual. Nuestro molde mide, en concreto, 12 cm de diámetro y 2 cm de alto y es el tamaño justo para las cantidades que os indico. Si usáis un molde de otras proporciones, tampoco pasará nada. Lo único que sí deberéis tener presente es que es deseable que la altura de la tarta no sobrepase los 2 cm porque dificultaría la cocción. Si el molde es más ancho… ¡¡pues habrá que ampliar las cantidades proporcionalmente para hacer más cantidad de tarta!! Jejeje. Os aseguro que no os vais a arrepentir.

Bueno, que me lío. Lo que os quería decir es que lo que nos toca hacer ahora es untar bien el interior del molde con mantequilla, para que no se nos pegue la mezcla y podamos luego desmoldar la tarta. Cuando esté bien untado, vertemos la masa en el interior y lo introducimos en el horno, poniendo ahora en marcha el ventilador para el horneado. Si vuestra tarta es como la mía, en 17 minutos estará lista. Si, por el contrario el molde es de otro tamaño o, simplemente, queréis quedaros tranquilos y saber que la tarta está en su punto de cocción; haremos como con los bizcochos: la pincharemos con la punta de un cuchillo y, si sale limpio, es hora de sacar la tarta del horno y dejarla enfriar (al menos 30 min).

Mientras la tarta se enfría o, incluso mientras se esté horneando, debemos aprovechar para hacer nuestros “trabajos manuales” y dibujar y recortar nuestra cruz de Santiago. El diseño lo podéis encontrar en google/imágenes sin ningún problema y, si no sois muy buenos dibujando, pues podéis imprimirla y recortar luego la silueta. Cuando la tengamos recortada, la ponemos sobre la tarta (ya desmoldada y puesta en la fuente) y espolvoreamos azúcar glass por toda la superficie. Después quitamos con cuidado la cruz de papel y… ¡¡lista para incarle el diente!! Ummm!!

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55. Focaccia fina con Olivas Verdes (20 min + fermentación -1h 30min-)

Esta mañana de día festivo (día del trabajo) vamos a aprovechar que tenemos tiempo para deleitarnos con una “creación” que lleva un poco más de tiempo de las que solemos preparar habitualmente. Es más entretenida porque tenemos que esperar a que la levadura haga su efecto e infle nuestra nada. Además, nos sirve para aprovechar un ingrediente que teníamos esperando en la nevera después de preparar la ensaladilla rusa. Es probable que a estas alturas las hayáis sacado ese botecito de cristal y os las hayáis comido con alguna cervecita viendo un partido de fútbol, pero en mi caso… quien guarda, haya, así que no tendré que ir expresamente a la compra para coger las aceitunas 😉  Bueno, no os preocupéis, consolaros porque sí tendré que salir a por la levadura fresca, que no iba a ser todo tan fácil.

Os cuento los ingredientes para preparar, como siempre, una ración individual y así ya vemos si nos falta alguna otra cosa:

Para la masa:

  • 100 gr de harina + 1 cucharadas a parte para espolvorear la superficie donde amasemos
  • 2 gr de sal
  • 4 gr de azúcar
  • 8 gr de mantequilla
  • 50 cl de agua templada
  • 1 cucharada de aceite
  • 4 gr de levadura fresca

Para la cobertura:

  • 5 aceitunas verdes sin hueso (como os digo, de las que teníamos con su caldo de conserva en la nevera tras preparar la ensaladilla rusa de toda la vida)
  • 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • 1 cucharadita, de las de moka, de orégano.
  • Un pellizco de sal maldón o sal en escamas.

Para prepararla, lo primero que tenemos que hacer es mezclar en un bol los ingredientes secos de la masa: la harina, la sal y el azúcar y mezclamos bien. Cuando lo hayamos hecho, en los 50 cl de agua templada disolvemos la levadura fresca y lo añadimos al bol. Añadimos ahora el aceite y la mantequilla en pomada. Esto es: la mantequilla a temperatura ambiente, casi derretida. Removemos todo bien con unas varillas o una cuchara para que se integren todos los ingredientes y, cuando ya no esté bastante integrada, la sacamos del bol y la amasaremos sobre una superficie bien limpia que hayamos espolvoreado previamente con harina. Amasamos durante 1-2 minutos, le damos finalmente forma de bola y esa bola la ponemos en otro bol en cuyo fondo también habremos espolvoreado algo de harina. Ahora tapamos ese bol con un paño húmedo limpio o con film, y lo dejamos en un sitio cálido (entre 24 y 40 grados) durante 1 hora o hasta que haya doblado su volumen.

Durante este tiempo podemos aprovechar para hacer bastantes cosas, jejeje, pero una de las cosas que tenemos que hacer es la cobertura que nos servirá para “pintar” la focaccia antes de hornear. Para ello, lo que tenemos que hacer es cortar las aceitunas en rodajas y mezclarlas en una tacita con el orégano y el aceite y ¡ya está! Efectivamente, nos sobrará tiempo para hacer otras muchas cosas…

Finalmente, cuando ya tengamos nuestra masa gordita, la volvemos a amasar durante 30 segundos en una superficie espolvoreada con harina. Cortaremos un papel de horno del tamaño de la bandeja que vayamos a utilizar y lo ponemos en el fondo de la misma. Colocamos la masa sobre él y la extendemos por toda la superficie, hasta que nos quede una masa fina, de 0,5 cm de profundidad máximo. Al estirar la masa, tenemos que ir dándole ya la forma de la focaccia clásica, lo que conseguiréis, simplemente, hundiendo las yemas de los dedos en la masa para que queden esos típicos hoyuelos. Cuando lo tengamos listo, volvemos a tapar la bandeja con el paño húmedo o con film y esperamos que haya la segunda fermentación durante unos 30 min. Cuando hayan pasado 15 de ellos, aprovechad para encender el horno y calentarlo a 200ºC con posición de calor arriba y abajo. Cuando hayan pasado los 30 min, destapamos y pintamos la superficie de la focaccia con la mezcla de aceitunas. Si se borran nuestras huellas de dedos, tendremos que volver a hacerlas, ya sabéis, simplemente “pulsando”. Espolvoreamos por último con sal maldón y la metemos al horno, donde la tendremos durante unos  17 minutos. Sabremos que está lista cuando esté ligeramente dorada (como la de la foto) y cuando, al tratar de levantarla por uno de los bordes (con un cuchillo o tenedor, no os vayáis a quemar) se levante del papel de manera uniforme.

Dejamos enfriar un poco y ¡a la mesa! Ummm, ¡¡qué rica está!! Desde luego en la foto queda bonita, pero el olor y sabor es delicioso… Espero que os guste! Yo repetiré seguro con otras versiones…

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47. Muslitos de Pollo en Pepitoria de Piñones (37 min)

Llamadme clásica o “ipster” que está más de moda, jejeje, pero estos últimos días tengo una afición terrible por los platos de siempre… Hoy le ha tocado el turno a la Pepitoria, un guiso preparado normalmente con carne de ave y al que se incorporan frutos secos picados (generalmente almendras) a la salsa para ayudar a trabarla. Normalmente también para ello se emplea yema de huevo, pero en nuestro guiso de hoy, no haremos ni una cosa ni la otra. Bueno, frutos secos sí, pero no almendras.  ¡Pues vaya pepitoria vas a preparar entonces! … Me diréis… y no os quitaré la razón. Pero si no os ha conquistado ya por los ojos en la foto, tenéis que esperar a probarlo y os aseguro que os conquistará. Además, nos viene de perlas para seguir gastando zanahoria, que aún tenemos para un ratito.

Se me ocurrió prepararla tras ver en el mercado unos pimientos rojos italianos pequeños. Tenían el tamaño de un pimiento italiano verde normal, de los que utilizamos para freir normalmente, y suponían la ración justa para elaborar dos raciones de este plato. Así que lo eché a la bolsa (hay que ser valiente para comprar sólo un pimiento) y me acerqué a la pollería a por 4 muslitos… Ay, ¡¡que me estoy liando!! Os pongo los ingredientes para estas dos raciones en una lista, que si no no hay forma de ir haciendo el check:

  •  50 gr de zanahorias (de las que quedan tras las albóndigas de Fuengirola, el arroz tres delicias y la ensaladilla rusa).
  • 40 gr de piñones
  • 60 gr de pimiento rojo
  • 70 gr de cebolla
  • 4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • 4 muslos de pollo
  • Harina (2-3 cucharadas)
  • 1 diente de ajo
  • 2 cucharadas de brandy
  • 200 ml de agua
  • Sal

Para preparar esta receta, vamos a necesitar la olla exprés, así que si tenéis, irla desempolvando. Si no, pues luego os digo los tiempos aproximados para prepararlo en una cazuela normal.

Lo primero que tenéis que hacer es picar las verduras en brunoise, es decir, en cuadritos pequeños de unos 0,5 cm de lado. Picaremos así la cebolla, la zanahoria y el pimiento, para que nos queden como en esta foto, y los reservamos.

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Por otro lado, cogemos la mitad de los piñones, los molemos con ayuda del accesorio picador de la batidora y los reservamos también. Picamos el diente de ajo finamente y lo reservamos junto a los piñones.

Cuanto tengamos listo todo lo anterior, ponemos la olla exprés al fuego, abierta, al 60% de potencia y le añadimos el aceite de oliva. Segundos después, dando un pequeño margen para que se empiece a calentar, añadimos la cebolla picada y rehogamos durante 5 minutos, removiendo de vez en cuando. Tras ello, añadimos la zanahoria y repetimos la operación durante 3 minutos más. Ahora incorporaremos el pimiento y rehogaremos durante otros 5 minutos, echando en último lugar el ajo, los piñones molidos y los piñones enteros, dándole unas vueltas durante otro minuto. Hecho esto, apartamos la olla del fuego y en su lugar prepararemos una sartén medianita con abundante aceite de oliva (al menos 1 cm de fondo). Mientras se calienta este aceite, rápidamente sazonamos los muslitos y los pasamos por harina para crear una capa protectora, aunque los sacudiremos después para retirar lo que pueda sobrar y que no nos ensucie mucho el aceite. Ponemos entonces los muslitos a freír, que tendremos unos 45 segundos por cada lado. Importante!! Para que no os acordéis mal de mí, usad una tapa encima de la sartén porque al preparar así el pollo tenemos mucho riesgo de que salte y nos pringue la cocina o incluso nos queme, cosa que no queremos. Así que, para prevenir, mejor ponerle la tapita y levantarla cuando llegue el turno de darle la vuelta.

Conforme vayan estando fritos los muslos, los vamos echando directamente a la olla. Cuando estén todos, apartamos la sartén y traemos de nuevo sobre el fuego la olla, a la que añadiremos ahora el agua, las dos cucharadas de brandy y un pellizco de sal. Tapamos la olla, ponemos la válvula y esperamos a que empiece a salir el vapor. A partir de ese momento, contamos 12 minutos y, pasados éstos, apagamos el fuego y retiramos la olla. Esperamos unos minutos (3 mínimo) antes de abrir la válvula, y otros tantos antes de abrir la olla. Y listo!!! Ya lo tendríamos para servir directamente, solo o con la guarnición que más os guste (patatas fritas, puré de patatas, arroz…).

¡Que aproveche!

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