158. Quesada Tradicional en formato “mini” (1h10 min)

Hoy tenemos entre manos una receta muy tradicional pero cuyo “rescate” nos viene de perlas para poder gastar el ingrediente que se nos ha quedado “bailando” en la nevera: el requesón. Existen muchas variedades de tarta de requesón o quesada; pero hoy nos vamos a la más simple de todas con objeto de mantener la filosofía de que: por muy vacía que parezca tu nevera, siempre hay recetas que se pueden hacer con cuatro cosas. Jejeje. Así pues, más adelante os ofreceré versiones más sofisticadas de este plato, pero la de hoy es la que nos va a servir de base para todas ellas. ¿Os parece si empezamos? Vamos allá, que la receta hoy es larga. Para nuestra mini-tarta, vais a necesitar:

  • 167 gr de requesón; justo lo que nos quedaba en nuestra tarrina tras quitarle un pellizquito para el Sándwich de Huevo y Espárragos Blancos.
  • 1 huevo, que también tendremos a mano tras preparar el sándwich anterior y el Guiso suave de Verdinas.
  • 17 gr de mantequilla (que esté blandita, sacarla con tiempo de la nevera o atemperarla en el micro, al mínimo, 30 segundos).
  • 42 gr de azúcar
  • 1 pizca de canela
  • 1 pizca de ralladura de piel de limón.
  • 1 pizca pequeñita de sal.

Preparar nuestra quesada va a ser un proceso pelín largo pero facilísimo, ya veréis. Lo primero que haremos será precalentar el horno a 200ºC. Una vez puesto a calentar, cogeremos un bol y en él batiremos el huevo, añadiremos el azúcar, la pizca de sal y seguiremos batiendo para mezclar bien. Cuando lo tengamos bien mezclado, añadiremos la ralladura de limón, la canela. Por ultimo, añadimos la mantequilla blandita y el requesón bien escurrido, que integraremos con la mezcla de huevo batiendo bien. Para batirlo podréis hacerlo a mano, pero os recomiendo usar la batidora para evitar que queden grumos de requesón.

Ya tenemos nuestra mezcla! Ahora, vamos a disponer un molde desmontable redondo individual, de unos 12-15cm de diámetro. Lo prepararemos pintando el molde con mantequilla primero y un poco de harina espolvoreada después. Cuando lo tengamos preparado, verteremos la mezcla en él y lo introduciremos el en horno, bajando la temperatura de este hasta los 170 grados, y lo mantendremos ahí por unos 45-50 minutos o hasta que, al pinchar la mezcla, el cuchillo salga limpio. Llegado este punto, sacamos del horno y dejamos enfriar bien (incluso mejor de un día para otro) antes de desmoldarlo. Tras ello, ya sólo queda servir y disfrutar! Espero que os guste!

PD: Esta quesada queda genial con un toque de miel de acacia (que es más suave y menos dulce) o con mermelada de cítricos. Os animo a experimentar!

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123. Tocino de cielo (45 min + reposo)

Hoy tenemos entre manos una receta que está pensada para hacerse a la vez que los Nuggets light, pues para ella vamos a emplear las tres yemas que venían junto a las tres claras que usamos en la receta anterior. En realidad, el tocino de cielo siempre ha sido una receta de “aprovechamiento”, pues tiene su origen en Jerez. En esta zona, para aumentar la limpidez de los vinos, usaban claras de huevo en el proceso que llamaban clarificación. ¡Imaginaos la producción de vino de Jerez y la cantidad de claras que necesitaban para este proceso! Pues bien, los bodegueros de la zona fueron conscientes de que era “un crimen” tirar todas las yemas que no se usaban, así que las llevaban a las monjas y ellas acabaron inventando este pedazo de postre. Así que, tanto por su origen, como por su sabor y, cómo no, por su relación con el vino 😉 el tocino de cielo se posiciona como uno de mis postres favoritos.

En honor a la verdad, he de deciros que la receta que os traigo hoy parece sencilla (y en realidad lo es) pero a mí me costó tres intentos el conseguir que quedara bien. (Sí, lo reconozco, no soy perfecta, jejejeje). De hecho, quiero compartir con vosotros la foto de uno de estos fracasos para demostrar mi “humanidad” 😉 y hacer hincapié en una recomendación: en esta ocasión sí que os recomiendo ser exactos en las medidas, en los tiempos y en la descripción del proceso para evitar lamentaciones. El que avisa, no es traidor.

Tocino de Cielo "Fallido"

Tocino de Cielo “Fallido”

Vamos allá con la lista de ingredientes:

  • 3 yemas de huevo (las que no usamos en la receta de los Nuggets Light).
  • 125 gr de azúcar blanco
  • 62,5 gr de agua
  • 2 cucharadas de azúcar
  • 1 cucharada de agua

Para empezar nuestra receta, lo primero que haremos será poner un cazo pequeño sobre la báscula, la ponemos a cero y pesamos los 62 gr de agua (también pueden ser 63, jeje, pero no más) Tras ello, volvemos a ponerla a cero y añadimos los 125 gr de azúcar blanco. Cuando lo tengamos, ponemos al fuego, al 60% de potencia, durante 9 minutos. Durante este tiempo, removeremos a menudo para que nos quede un almíbar uniforme y estaremos muy atentos para conseguir el punto adecuado. En los libros veréis que a este punto lo llaman “de hilo fino” lo cual significa (lo descubrí con tras los dos intentos fallidos) que el almíbar tenga la textura de gel de ducha. Como lo normal no es remover el gel de ducha con una cuchara… cuando veamos que empieza espesar iremos comprobando de vez en cuando la textura, cogiendo un poco de almíbar con la cuchara y dejándolo caer. Cuando en vez de caer en forma de gotas empiece a caer de forma más continua (aquí sí, como el gel de ducha o el jabón líquido para las manos), apagaremos el fuego y verteremos el almíbar en un bol para cortar la cocción.

Debemos dejar enfriar el almíbar bastante, así que si vais con prisa, metedlo en la nevera y, si tenéis más prisa aún, en el congelador.

Durante este tiempo de espera, aprovecharemos para preparar el caramelo para poner en el fondo del molde. En mi caso, yo usé dos moldecitos individuales, en forma de lingote, de 6x4cm de lado y de 4cm de alto.

El caramelo lo prepararemos con ayuda de una sartén, en la que pondremos las dos cucharadas de azúcar y la cucharada de agua. Removeremos ligeramente y encenderemos el fuego al máximo, dejando quieto ahora el contenido hasta que empiece a coger color marrón (caramelo). En ese momento, sí que removeremos el contenido de la sartén, retiraremos del fuego y verteremos directamente la cantidad deseada en el fondo de los moldes. Rápidamente, moveremos el caramelo para que cubra bien todo el fondo del molde antes de espesarse. Para terminar de preparar los moldes, usaremos una pizca del almíbar para embadurnas las paredes, lo que nos facilitará al final la extracción del postre.

Ahora sólo nos queda esperar a que el almíbar esté frío. Cuando lo tengamos, comprobaremos la textura (ahora estará más espeso, casi como miel) y la ausencia de grumos (puede que se nos haya formado algún cristal de azúcar que habrá que eliminar. Ahora es el momento de coger las yemas, batirlas y medir su volumen; ya que, por cada “parte” de yemas, debemos añadir “dos partes” de almíbar. Este es otro detalle importante, no lo paséis por alto 😉  Mezclamos bien las yemas con el almíbar y vertemos después la mezcla en los moldes (o molde individual).

Ahora llega el paso final: la cocción. Para ello, prepararemos una cazuela con agua (cuidado, no demasiada para que no tengamos peligro de que el agua entre al molde, dejad 1-2cm de margen). Un truco para evitar que los borboteos vuelquen el molde, es poner un par de capas de papel de cocina en el fondo del agua. Encendemos el fuego, al 60% de potencia y, cuando el agua esté calentita, introduciremos los moldes con cuidado y cubriremos la cazuela con un paño de cocina y, después, con su propia tapa. Este otro “truco” nos ayudará a evitar que el agua que se condense en la tapa caiga dentro del molde. Cuando tengamos nuestro “montaje” contaremos el tiempo, pues como mínimo necesitará 12 minutos de cocción. Pasados los 12 minutos, ir comprobando el “punto” pinchando el contenido de los moldes con un cuchillo afilado. Cuando el cuchillo salga prácticamente limpio, apagaremos el fuego y retiraremos los moldes con cuidado de no quemarnos.

Dejamos enfriar (mejor tapados y en la nevera) y luchamos con la tentación de comerlo durante un par de horas al menos. Pasado este tiempo, repasamos los bordes del molde con un cuchillo afilado y lo volcamos sobre el plato donde lo vayamos a servir. Dejamos que caiga (dale tiempo, y algún golpecito, y acabará haciéndolo), cogemos una cucharilla y ¡a disfrutar!

¡Espero que os guste!

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114. Savarín de Cava y Fresas con Chocolate Blanco (40 min + reposo)

Sé que no estamos en la mejor época para proponeros un dulce (en estos últimos días, además, con los roscones ya estaréis saturados) pero esta receta nos va a venir de perlas para acabar con las existencias de cava que nos hayan quedado en la despensa durante las fiestas. En mi caso, además me sirve para gastar el último benjamín que me quedó tras preparar la receta de abadejo al cava. Os invito a probarlo, pues la combinación de sabores es… Ummm!
Antes de daros la lista de ingredientes, os comentaré que savarín es la palabra francesa que se utiliza para denominar a estos bizcochos en forma de rosca, para los que existen moldes especiales. Si no os apetece compraros ninguno, no hay problema, podéis usar un molde normal, pero entonces no lo llaméis savarín, jejeje.

Los ingredientes que necesitamos para nuestro “pequeño” savarín son:

Para el bizcocho:

  • 30 gr de fresas deshidratadas
  • 50 ml de cava (uno de los benjamines que nos quedaron tras preparar el abadejo al cava con crujiente de puerros)
  • 50 gr de harina
  • 50 gr de azúcar
  • 1 huevo
  • 1 cucharadita, de las de moka, de esencia de vainilla (que ya usamos en el cake de remolacha y chocolate).
  • 1/3 de cucharadita, de las de moka, de sal
  • 2 gr de levadura royal (una cucharadita de moka, aprox).

Para el almíbar:

  • 150 ml de cava
  • 5 gr de fresas deshidratadas.
  • 100 ml de agua
  • 40 gr de azúcar

Para la cobertura:

  • 65 gr de chocolate blanco
  • 50 gr de mantequilla

Para preparar nuestro savarín, lo primero que haremos será preparar el bizcocho y precalentar el horno a 180 grados. Para ello, pondremos los 30 gr de fresas deshidratadas en remojo en los 50 ml de cava, para que se ablanden ligeramente. Mientras tanto, prepararemos la mezcla del bizcocho en dos boles. En el primero de ellos, mezclaremos la harina, la sal y la levadura. En el otro, mezclaremos el huevo batido con la mantequilla en pomada (para ello la habremos dejado en un sitio cálido un ratito antes o bien la habremos templado un poco con ayuda del microondas. Eso sí, no os paséis de temperatura que luego hay que mezclarla con el huevo y si nos pasamos podríamos cuajarlo). Cuando tengamos la mezcla de los dos boles, echaremos el contenido del bol líquido en el bol sólido y mezclaremos bien. Tras ello, prepararemos un molde de savarín (yo usé uno de 12 cm de diámetro por 4 cm de profundidad) untándolo con un poco de mantequilla y espolvoreándolo con harina. No os olvidéis de hacer esta operación porque si no luego será imposible sacar el bizcocho, jejeje. Cuando lo hayamos preparado, verteremos en él la mezcla sin pasarnos de 2/3 de la capacidad del molde, porque con la levadura crecerá. Si nos sobra mezcla, la desechamos o hacemos alguna magdalenita en una flanera. Cuando lo tengamos, metemos al horno con ventilador y horneamos unos 16 minutos (comprobaremos que está listo cuando, al pinchar con un cuchillo, éste salga limpio).

Mientras el bizcocho está en el horno, aprovecharemos para preparar el almíbar. Para ello, pondremos en un cazo los 150 ml de cava, una de las fresas (los 5 gr que comentaba en la lista de ingredientes), los 100 ml de agua y los 40 gr de azúcar. Pondremos el cazo al fuego, al 50% de potencia, a un fuego lo suficientemente bajo como para que no llegue a hervir, sólo burbujee ligeramente. Lo mantendremos así 17 minutos, de tal forma que poco después de sacar el bizcocho del horno, lo tengamos listo. Reservamos el almíbar y dejamos enfriar bien el bizcocho antes de desmoldarlo (al menos 1 hora).

Cuando el bizcocho se haya enfriado, lo desmoldaremos con mucho cuidado y cortaremos la base para que nos quede recta y el bizcocho quede bien apoyado. Lo pondremos boca abajo sobre una rejilla (con un plato debajo para no liarla, jejeje) e iremos virtiendo sobre el bizcocho, con cuidado, el almíbar para que se empape bien. Repetiremos esta operación con cuidado hasta que se haya empapado bien y hayamos terminado con el almíbar y dejamos escurriendo mientras preparamos la cobertura.

Para preparar la cobertura, tenemos la opción de hacerlo al baño maría o bien con ayuda del microondas. Si optamos por la segunda opción, deberemos usar la potencia mínima pues el chocolate blanco se quema muy fácilmente (las temperaturas de fusión y “estropeado” están muy cerca, jejeje). Meteremos los 65 gr de chocolate blanco en trocitos pequeños y la mantequilla en un bol y lo iremos calentando y removiendo a menudo (en microondas en intervalos de 30 segundos), hasta tener una salsa homogénea. Cuando la tengamos pondremos el bizcocho boca arriba y lo bañaremos con esta cobertura, de la manera lo más artística que podamos (a mí, como veis en la foto, me falta práctica con esto, pero ya mejoraremos, jejeje).

Dejamos enfriar el resultado y… ¡listo para disfrutar! Espero que os guste.

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100. Tarta de Guinness y Chocolate (50 min).

Hoy llegamos a la receta número 100, ¡qué gusto llegar acompañada de vosotros hasta aquí! ¡¡Esto tenemos que celebrarlo!! Y no se me ocurría mejor forma de hacerlo que con una tarta (¡y sus velitas!) Se trata de una tarta que probé en España por primera vez pero de la cual no conseguí la receta hasta mi viaje a Irlanda de este verano. Aquí os presento la adaptación de la misma para hacerla, como siempre, en tamaño “mini” (para una o dos personas según el hambre que tengan). Vamos allá con los ingredientes. Necesitaremos:

Para la tarta:

  • 125ml de cerveza negra Guinness
  • 75 gr de mantequilla sin sal
  • 37 gr de cacao en polvo, el mejor que os podáis permitir (yo usé Valor)
  • 150 gr de azúcar moreno.
  • 50 ml de aceite de girasol
  • 1 huevo
  • 150 ml de  yogur griego
  • 1 cucharadita, de las de moka, de esencia de vainilla
  • 125 gr de harina
  • 4 gr de bicarbonato
  • 1 cucharadita, de las de moka, de levadura royal (baking powder).

Para la cubierta:

  • 60 gr de azúcar glass
  • 70 gr de mantequilla sin sal
  • 160 gr de queso crema (tipo philadelphia).

Para preparar nuestra tarta, lo primero que vamos a hacer es poner el horno a precalentar a 180ºC. Después, cogeremos los 75 gr de mantequilla y los pondremos, junto a la cerveza, en un cazo a fuego suave, al 40% de potencia, hasta que la mantequilla se derrita y podamos mezclarla bien con la cerveza. Cuando la tengamos bien mezclada, apagamos el fuego y dejamos enfriar la mezcla (si vamos con prisa, podemos pasar la mezcla a algún otro recipiente para acelerar el proceso de enfriado).

A continuación, prepararemos dos cuencos. El primero de ellos va a “alojar” los ingredientes secos: el cacao, el azúcar moreno, la harina, el bicarbonato y la levadura. Cuando los tengamos todos, mezclaremos bien para que se integren. En el cuenco de los ingredientes húmedos, tendremos que mezclar ahora el huevo, el yogur, la esencia de vainilla y el aceite de girasol. Batimos bien estos ingredientes y, cuando estén listos, le añadiremos la mezcla (ya tibia) de mantequilla y cerveza negra. Ya tenemos nuestras dos mezclas, ahora tenemos que mezclarlas entre sí. Para ello, hacemos un hueco en el cuenco de los ingredientes secos y vertemos en él el contenido del bol “húmedo”. Mezclamos bien con ayuda de un tenedor y reservamos, pues ahora tenemos que engrasar el molde. Para estas cantidades, yo he elegido un molde redondo desmontable de 16 cm de diámetro y 6 cm de alto. Lo engrasamos bien por dentro con un poco de mantequilla y vertemos en él la mezcla. Si usáis un molde de otras medidas, lo único que debéis tener en cuenta es que la mezcla no supere los ¾ de la altura del molde, pues con la levadura y la cerveza el bizcocho subirá y, si superamos esta barrera, puede desbordarse.

Habiendo puesto ya nuestra mezcla en el molde, pasaremos éste al interior del horno y lo cocinaremos, con ventilador, unos 35 minutos aproximadamente. Cada horno y cada molde nos puede hacer variar el tiempo, así que cuando hayamos superado los 30 minutos, conviene que empecemos a “pinchar” el bizcocho. Sabremos que está listo cuando el cuchillo con el que pinchamos salga limpio. Cuando lo tengamos listo, sacamos del horno y dejamos enfriar bastante antes de que se nos ocurra desmoldarlo. ¡¡No tengáis prisa!! Que podemos meter la pata y que el bizcocho se rompa o se venga abajo si no está lo suficientemente frío.

Para ayudar a vuestra paciencia en esta fase, nos entretendremos ahora en preparar la cubierta, el “frosting” como lo llaman en Dublín. Para ello, habremos dejado la mantequilla y el queso a temperatura ambiente, para que sea más fácil manejarlos. Pesamos las cantidades que os indicaba arriba y las metemos en un bol, junto al azúcar glass. Si tenéis paciencia, os recomiento que hagáis la mezcla a mano con unas varillas o un tenedor. Si por el contrario váis con prisa, podéis usar la batidora al mínimo de potencia, pero sin abusar porque nos puede licuar demasiado la mezcla. Cuando la tengamos, la reservamos en un sitio fresco hasta que termine de enfriarse el bizcocho.

Cuando tengamos el bizcocho frío, lo desmoldamos con cuidado (repasar antes los bordes con un cuchillo afilado) y lo ponemos en la bandeja de servicio. Cubriremos la parte superior del bizcocho con nuestro “frosting” de tal manera que imitemos la espuma de la propia cerveza negra (de la que nuestro bizcocho es la parte líquida). Comprobamos que nos ha quedado bonita, nos enorgullecemos de nuestra obra de arte y ¡¡la disfrutamos en la mejor compañía que encontremos!! En mi caso, ¡en la vuestra! Gracias por seguirme durante estas primeras 100 recetas!!!

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68. Mini Tarta de Santiago (27 min)

Vamos a darnos hoy un caprichito dulce, aprovechando que tenemos almendra molida vamos a “darle caña” a este clásico de la cocina gallega que es uno de mis postres favoritos. Siempre me había impuesto respeto, porque me parecía que sería muy difícil… pero cuando comprobé en mis carnes la sencillez y rapidez del plato… ¡¡¡me tiraba de los pelos por no haber empezado antes a experimentar con ella!!!! Digo experimentar porque esta receta que os pongo aquí es un pelín distinta a la receta clásica, pero la variación ensalza la jugosidad y el sabor original del plato… Vamos ya con los ingredientes de la mini tarta de Santiago:  

  • 62 gr de almendra molida (justo lo que nos sobraba tras preparar la salsa romesco y el bacalao al horno con crujiente de Idiazábal)
  • 50gr de azúcar blanco
  • ½ cucharadita, de las de moka, de ralladura de piel de limón (cuidado no ralléis la parte blanca, que amarga).
  • 1 cucharada de Pedro Ximénez
  • 1 huevo
  • Mantequilla para engrasar el molde
  • Azúcar glass para decorar (y papel, lápiz y tijeras para preparar la cruz…)

Para preparar la tarta, lo primero que haremos será encender el horno, para precalentarlo a 190 grados. Una vez hecho esto, prepararemos dos boles. En uno de ellos echaremos los ingredientes secos: la almendra molida, el azúcar blanco y la ralladura de limón y mezclaremos bien. En el otro bol, cascaremos y echaremos el huevo y lo batiremos junto a la cucharada de Pedro Ximénez. Cuando el contenido de los dos boles esté bien mezclado, echaremos el huevo en el otro bol y mezclaremos hasta tener una pasta homogénea.

Ahora simplemente tenemos que preparar el molde individual. Nuestro molde mide, en concreto, 12 cm de diámetro y 2 cm de alto y es el tamaño justo para las cantidades que os indico. Si usáis un molde de otras proporciones, tampoco pasará nada. Lo único que sí deberéis tener presente es que es deseable que la altura de la tarta no sobrepase los 2 cm porque dificultaría la cocción. Si el molde es más ancho… ¡¡pues habrá que ampliar las cantidades proporcionalmente para hacer más cantidad de tarta!! Jejeje. Os aseguro que no os vais a arrepentir.

Bueno, que me lío. Lo que os quería decir es que lo que nos toca hacer ahora es untar bien el interior del molde con mantequilla, para que no se nos pegue la mezcla y podamos luego desmoldar la tarta. Cuando esté bien untado, vertemos la masa en el interior y lo introducimos en el horno, poniendo ahora en marcha el ventilador para el horneado. Si vuestra tarta es como la mía, en 17 minutos estará lista. Si, por el contrario el molde es de otro tamaño o, simplemente, queréis quedaros tranquilos y saber que la tarta está en su punto de cocción; haremos como con los bizcochos: la pincharemos con la punta de un cuchillo y, si sale limpio, es hora de sacar la tarta del horno y dejarla enfriar (al menos 30 min).

Mientras la tarta se enfría o, incluso mientras se esté horneando, debemos aprovechar para hacer nuestros “trabajos manuales” y dibujar y recortar nuestra cruz de Santiago. El diseño lo podéis encontrar en google/imágenes sin ningún problema y, si no sois muy buenos dibujando, pues podéis imprimirla y recortar luego la silueta. Cuando la tengamos recortada, la ponemos sobre la tarta (ya desmoldada y puesta en la fuente) y espolvoreamos azúcar glass por toda la superficie. Después quitamos con cuidado la cruz de papel y… ¡¡lista para incarle el diente!! Ummm!!

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59. Borrachito de Fruta y Flor de Naranja (42 min, mejor con antelación)

Aquí os presento otra de las creaciones de las que más orgullosa me siento, una de esas recetas en las que con muy poco se consigue mucho. Surgió con la idea de rematar las naranjas de zumo que teníamos en la nevera tras preparar el wok, y por las ganas que tenía ya de cocinar algún postre, que desde las fresas con leche no habíamos tomado nada de dulce. El nombre refleja que en esta receta incluiremos, además del zumo, agua de azahar, la cual da un sabor increíble que os resultará familiar (se usa para perfumar el roscón de reyes). Resulta estupendo como postre o como acompañante del café del desayuno. Ya me contaréis si os gusta. De momento, os doy la lista de los ingredientes que necesitaremos para hacer dos bizcochitos como el de la foto.

Para el bizcocho necesitaremos:

  • 50 gr de harina
  • 50 gr de azúcar
  • 50 gr de mantequilla en pomada (ya sabéis, prácticamente derretida)
  • 1 huevo
  • 1 cucharadita, de las de moka, de agua de azahar (la podréis encontrar en grandes supermercados, en la zona del azúcar y, seguramente, muy cerca de la esencia de vainilla).
  • 2 gr de levadura tipo Royal
  • 1/3 de cucharadita, de las de moka, de sal

 Para el almíbar:

  • 10 cl de zumo de naranja (de las naranjas que nos sobraron tras preparar el wok de pollo agridulce)
  • 60 gr de azúcar
  • 5cl de agua

 Para prepararlos, lo primero que haremos será encender el horno y precalentarlo a 180 grados. Mientras se calienta, en un bol, mezclaremos los ingredientes secos del bizcocho (harina, levadura y sal). En otro bol, batimos el huevo y lo mezclamos con el agua de azahar y la mantequilla (ojo, que la mantequilla ha de estar blandita, pero no caliente para que no nos cuaje el huevo al mezclarlo). Cuando tengamos bien mezclados los ingredientes húmedos, los echaremos en el centro del otro bol y, con ayuda de unas varillas, los iremos mezclando hasta obtener una masa uniforme.

Hecho esto, prepararemos nuestros moldes. Yo voy a usar los mismos que usé en otras ocasiones para otros individuales (el cake de dátiles o el flan de guisantes), que son unas flaneras de 8 cm de diámetro y 5 cm de alto. Los prepararemos untando el interior de mantequilla (lo mejor es hacerlo con los dedos) y luego espolvoreando sobre la capa de mantequilla harina. Para evitar que quede más harina de la que necesitamos, pondremos las flaneras boca abajo y les daremos unos golpecitos para que la harina sobrante se desprenda.

Ahora que ya tenemos listos los moldes, vertemos la mitad de nuestra preparación del bizcocho en cada uno de ellos (si sois muy tiquismiquis incluso podéis pesarlos para saber que son iguales –yo lo hice, jejeje, estoy fatal-). Los metemos al horno y horneamos, con calor arriba y abajo, durante unos 16 minutos, o hasta que veamos que al pinchar el bizcocho con un cuchillo, el cuchillo sale limpio. En este punto, los sacamos del horno y los dejamos enfriar bien antes de desmoldarlos.

Pero el tiempo de horneado nos vendrá de perlas para preparar el almíbar. Para ello, mezclamos todos los ingredientes que os comentaba arriba (zumo, agua y azúcar) en un cazo y lo ponemos a cocer, al 60% de potencia, durante 14 minutos. Pasado este tiempo, igual que con el bizcocho, apartamos del fuego y dejamos enfriar.

Supongamos que ya tenemos todo frío. Ahora viene lo más difícil, pues lo que hemos hecho hasta ahora está chupado!! Sacaremos los bizcochitos del molde, perfilando antes los bordes con un cuchillo afilado para facilitarnos la tarea, poniéndolo boca abajo (con la mano o un plato debajo para evitar la caída) y dándole ligeros golpecitos al fondo de la flanera. Una vez fuera, para darle mejor presencia, yo corté la parte superior del bizcocho para dejarlo plano y evitar el aspecto de magdalena. Además, este corte nos facilitará la tarea de emborrachar el bizcocho. Los recortes no los tiréis, solos están buenísimos, pero sino los podréis emborrachar también con el almíbar y hacer una primera cata del plato 😉

Pues bien, una vez cortados, pondremos los bizcochos sobre una rejilla con un plato debajo. La rejilla nos ayudará a que no se acumule demasiado almíbar abajo y nos ablande demasiado el bizcocho; y el plato nos servirá para recoger el almíbar y evitar que se pierda, para darle más “manos” de emborrachado. Y es que, lo que tenemos que hacer ahora es eso, emborrachar los bizcochos. Lo haremos con ayuda de una cucharita y/o un pincel de silicona, con ellos iremos pintando y empapando los bizcochos por todos los lados (arriba, abajo y laterales). Darle tiempo suficiente en cada “mano” para que la gravedad haga su efecto y llegue a zonas más profundas del bizcocho, merecerá la pena tener paciencia. Después de unas 4-5 capas, los tendremos listos para servir. Espero que os gusten!!! ¡¡Bon appetit!!

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