132. Canelones de Espinacas y Setas (33 min)

Disculpadme chicos, voy constantemente con la lengua fuera y no me da la vida para publicar a tiempo las recetas que voy enlazando! Pero no me puedo quejar, afortunadamente es por trabajo y ocio, y siempre es bueno que no nos falte ni una cosa ni la otra, jeje. El caso es que la receta que os voy a relatar hoy, la enlazaremos perfectamente con nuestro último plato: la crema de espinacas, dando salida a la otra media bolsita de espinacas baby que habíamos comprado. En esta ocasión, os diré que no estoy nada orgullosa de la foto, pues el aspecto del plato en directo y, sobre todo, el olor, despiertan mucho más los sentidos de lo que pueda parecer al ver esta fotografía. Este es un plato que inventé hace años ya para aprovechar igualmente unas espinacas sobrantes y me pareció fascinante su sabor, por lo que quedó automáticamente incorporado a mi recetario personal 😉 ¿Os parece si empezamos?

Vamos allá con la lista de ingredientes para 3 canelones bien rellenos, como los de la foto:

  • 3 placas de lasaña precocida (de la que no hay que hervir, como las que usamos para la Lasaña fría de Bonito y Tomate Cherry). Podéis usar la de canelones, pero entonces necesitaréis 4 o 5, porque no os dará de sí para enrollar todo el relleno.
  • 60 gr de espinacas baby frescas (las que no utilizamos para las Espinacas a la Crema del otro día).
  • 60 gr de setas shitake (yo compré un puñadito de este tipo, para enlazar recetas posteriores, pero podéis sustituirlas por champiñón. Si optáis por este cambio, recomiendo ponerlos laminados y en crudo, pues la textura final será más interesante).
  • 60 gr de queso philadelphia (esto equivale a unas tres cucharadas grandes).
  • Aceite de oliva virgen extra para freír
  • 2 cucharadas de nata (de la que empezamos para las Espinacas a la crema).
  • 1 tacita, de las de café expreso, de leche
  • 1 cucharadita, de las de moka, de harina.
  • Sal

Para preparar nuestra receta, lo primero que haremos será poner a remojo las placas de lasaña el tiempo que indica el fabricante (normalmente serán unos 10 minutos en agua templada). Al mismo tiempo, aprovecharemos para poner a calentar el horno, a 200 grados).
Lo siguiente que haremos será limpiar las setas con un paño húmedo (no las pongáis bajo el grifo, que cogerán demasiada agua) y después cortarlas en tiras finas; que saltearemos en una sartén, con una cucharadita de aceite, al 80% de potencia durante minuto y medio. Pasado este tiempo, sacaremos del fuego y reservamos.
Por otro lado, en un cazo, pondremos fondo de aceite a calentar (como de un dedo de profundo) al 80% de potencia. Cuando el aceite esté caliente, añadiremos las espinacas y taparemos inmediatamente para evitar salpicaduras. Mantenemos así durante 2 minutos y tras ello las sacamos y ponemos a escurrir en un colador, para que pierdan todo el aceite posible (dejar unos 4 minutos reposando para que esto ocurra).
Hecho esto, ya tendremos todos los preparativos para el relleno de los canelones, así que sacaremos las placas del agua y las secaremos bien. En cada extremo de las mismas, pondremos la cucharada de philadelphia (20 gr por canelón), un tercio de las setas salteadas y un tercio de las espinacas rehogadas. Salamos ligeramente y enrollamos sobre sí mismo para formar el canelón, que pondremos en una fuente apta para horno. Repetimos la operación hasta tener listos los tres.
Ahora, retiraremos todo el aceite de cocinar las espinacas del cazo salvo, aproximadamente, dos cucharadas, que mantendremos en el cazo para preparar la bechamel. Encendemos el fuego al 60% de potencia y, cuando esté caliente, añadiremos la cucharadita de moka de harina. Removemos bien y cuando se haya impregnado del aceite, añadiremos poco a poco la leche, removiendo bien para evitar los grumos (si salen grumos podemos usar la batidora). Añadimos también la nata, sazonamos y retiramos el fuego.
Cuando tengamos lista esta bechamel, regamos con ella los canelones y metemos en el horno para gratinar durante 6-7 minutos. Pasado este tiempo, sacamos del horno y servimos, y…

¡Ya está todo listo para disfrutar! ¡Buen provecho amigos!

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131. Espinacas a la crema (15 min)

¿Ya estáis todos de vuelta de vacaciones de Semana Santa? ¡Me alegra oír eso! Yo también y, como muchos de vosotros, con remordimientos por los excesos que se cometen siempre que uno está de vacaciones. El plato de hoy no es que sea light, pero nos ayudará a recuperar la costumbre de comer verde de una manera sabrosa, fácil y rápida.

Os cuento directamente lo que vamos a necesitar para preparar una ración:

  • 90 gr de espinacas frescas (yo compré brotes de los que vienen en bolsa, lo que llaman 4ª gama).
  • 25 gr de cebolla dulce, limpia.
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • 1 cucharadita de harina
  • 10cl de leche
  • 3 cucharadas de nata líquida
  • Sal
  • 10 gr de queso parmesano rallado (del que empezamos para la ensalada césar, y para la ensalada rápida de tomates secos y anchoas).
  • 10 gr de picatostes, de los que empezamos, también, para la ensalada césar).

¿Ya lo tenemos todo? Pues empecemos a trabajar. Lo primero que haremos será poner un cazo a calentar, al 40% de potencia, con las 2 cucharadas de aceite de oliva. Mientras se calienta, picaremos finamente la cebolla y la añadiremos al cazo, cocinando todo durante 7 minutos hasta que la cebolla esté bien cocinada). Pasado este tiempo, añadiremos la cucharadita de harina y removeremos hasta que esté bien mezclada con el aceite y la cebolla. Tras ello, añadiremos los 10 cl de leche removiendo vigorosamente para que no se formen grumos. Después añadiremos la nata y seguiremos removiendo hasta que esté todo bien integrado. Añadimos sal y, acto seguido, introduciremos las espinacas en el cazo y lo taparemos (para evitar que salte y ayudar a que se cocine con el vapor). Mantendremos así, destapando y removiendo de vez en cuando, durante 4 minutos más. Pasado este tiempo, ya sólo nos queda añadir el queso, triturar con ayuda de la batidora y corregir de sazón si es necesario. Servimos rápidamente en el plato y espolvoreamos con los picatostes. Y ¡ya está! ¡Sólo nos queda disfrutarlo!

Espero que os guste.

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117. Croquetas de Boletus con Mermelada de Pimientos del Piquillo (65 min)

Hoy comparto con vosotros una nueva receta con las que uno piensa… “¿Realmente debería publicarla o guardarme el secreto?” Jejeje. ¡Pues nada de secretos! De alguna forma tendré que premiar que hayáis llegado hasta aquí y me estéis leyendo, ¿no? 😉
Bromas aparte, esta receta es una delicia, pero deberéis comerla con moderación porque es una pequeña bombita calórica. ¡Justo lo mejor para esta época del año en la que todos quieren hacer dieta! Jajaja, pero tranquilos, el próximo plato sí que es de dieta, así que compensaremos.

Vamos allá con los ingredientes para preparar 16 croquetitas como las de la foto:

Para las croquetas:

  • 10 gr de boletus deshidratados
  • 250 ml de leche
  • 70 gr de cebolla dulce, limpia
  • 50 gr de mantequilla
  • 25 gr de harina + harina extra para el rebozado
  • Sal
  • 1 huevo
  • Pan rallado

Para la mermelada de piquillos:

Para prepararlo, lo primero que haremos será coger un bol y poner en él la leche con los boletus, para que se vayan hidratando. Tendrán que estar un mínimo de 15 minutos, pero podéis dejarlo más tiempo. Si optáis por esto último, tapad el recipiente y guardarlo en la nevera para evitar que la leche se agrie.

Mientras las setas se remojan, lo que haremos será picar la cebolla lo más finamente posible que podamos y reservarla. Pesaremos el resto de los ingredientes de las croquetas y, cuando las setas estén hidratadas, podremos empezar a cocinar.

Pondremos al fuego, al 50% de potencia, un cazo con la mantequilla. Cuando ésta se haya derretido, añadiremos la cebolla y rehogaremos durante 6 minutos, removiendo de vez en cuando. Este tiempo lo aprovecharemos para escurrir bien las setas y picarlas; y también para colar parte de la leche en la que los boletus se han estado hidratando. Digo parte porque esta es una de las partes más delicadas de la receta. A menudo las setas deshidratadas traen arenilla y debemos evitar por todos los medios que ésta entre a formar parte de nuestra receta.

Así que, en este caso, lo que haremos, será no mover el bol (para no agitar la leche y que se remueva el contenido, pues la arenilla se habrá depositado en el fondo si le hemos dado el tiempo suficiente) e ir sacando de él la leche con ayuda de un cacito. La pasamos por el colador y la dejamos en el vaso medidor, hasta que tengamos 200 ml (es decir, tendremos que descartar 50ml).

Cuando terminemos esta operación, seguramente ya hayan pasado los 6 minutos de la cebolla, así que añadiremos los boletus picados y rehogaremos durante 2 minutos más. Tras ello, añadiremos la harina y dejaremos que se cocine durante un minuto, justo el tiempo que emplearemos para calentar ligeramente los 200 ml de leche en el microondas. Cuando tengamos la leche caliente, la iremos añadiendo poco a poco al cazo sin dejar de remover.

Cuando ya tengamos toda la leche incorporada, añadiremos sal al gusto y seguiremos cocinando sin dejar de remover 3 minutos más. Pasado este tiempo, apagamos el fuego y dejamos enfriar un par de minutos el contenido del cazo. En esta ocasión, como hemos picado la cebolla y las setas finamente, tenemos la opción de no triturar la masa con la batidora, pero a mí siempre me gusta darle un pequeño toque con ella para que los sabores se integren mejor. Os dejo libertad en este punto, jejeje, lo que más os guste a vosotros.

Hecho esto, pasaremos la mezcla a una bandeja (preferiblemente de cristal) que taparemos y meteremos en el frigorífico (o en el congelador si las vamos a “liar” inmediatamente).
Llegados a este punto, mientras se enfría la pasta, vamos a preparar la mermelada de piquillos. Para ello, picaremos finamente los pimientos y quitaremos las posibles semillas que pueda haber. Los pondremos en un cazo, junto con la cucharada de líquido de conserva, las dos cucharadas de agua y los 25 gr de azúcar. Pondremos el cazo al fuego, al 50% de potencia, y cocinaremos durante 12 minutos, removiendo de vez en cuando. Pasados los 12 minutos, apagamos el fuego, trituramos ligeramente con la batidora y reservamos hasta el momento de servir.

Ahora ha llegado el momento de “liar” las croquetas. Ya os expliqué como hacerlo en la receta de croquetas de calabaza, pero para facilitar la tarea, os recomiendo que el primer paso (dar forma a las croquetas) utilicemos la técnica de las quenelles que aprendimos para presentar el paté de perdiz. Os refresco la memoria: coged dos cucharillas de postre y coged una porción de pasta e idla pasando de una a otra con movimientos giratorios y presionando ligeramente con cada paso hasta que nos quede la forma deseada. Tras ello, las dejaremos caer en el plato de la harina, cubriéndolas ligeramente y retirando la cantidad de harina sobrante (la que no se quede adherida). Después pasamos por el huevo batido y por último por pan rallado. Repetiremos la operación hasta terminar con toda la pasta.

Pues bien. Ya sólo nos queda freírlas en abundante aceite; volteándolas a menudo para evitar que se abran. Cuando estén doradas, las sacamos del aceite a un plato cubierto con papel de cocina para retirar el exceso de aceite y después las servimos en un plato, junto a un recipiente en el que habremos puesto algo de mermelada de pimientos del piquillos y… ¡a disfrutar!

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104. Croquetas de Calabaza (un buen rato, en varios huecos).

Ya ha pasado Halloween y seguramente tanto en los supermercados como en las casas haya un montón de calabazas que no se sabe si pueden tener algún destino distinto de aquel para el que fueron compradas. Pues bien, yo espero poder sacaros de esa duda con nuestra receta de hoy y la del próximo día, ambas basadas en este fantástico ingrediente. Comenzaremos por estas croquetas que me han proporcionado más de una y más de dos felicitaciones de aquellos que las han probado (bueno, y quizá alguna más, pero no quiero pecar de presuntuosa, jejeje). Pues bien, aquí os voy a dar hoy el detalle de cómo prepararlas para hacer las delicias de los vuestros. Y, sí, digo de los vuestros porque hoy os voy a dar las cantidades como para unas 25 croquetas que, según mi criterio, son muchas para comerlas uno solo…. Aunque es cierto que una vez preparadas admiten perfectamente el congelarse. Así que lo dejo a vuestra elección: compartir o no compartir, esa es la cuestión.

Necesitaremos para preparar nuestras 25 croquetas:

Para asar la calabaza:

  • 220 gr de calabaza, limpia
  • Sal
  • Pimienta negra
  • 1 cucharada de aceite
  • ½ cucharadita, de las de moka, de cominos molidos

Para “rematar” las croquetas:

  • 100gr de cebolla, limpia
  • 80 gr de mantequilla
  • 4 cucharadas de harina (bien colmadas)
  • 350 ml de leche templada.
  • Sal

Para “liar” las croquetas:

  • 1 huevo
  • Harina y pan rallado a discreción

Jejeje, como veis en el título, he sido incapaz de determinar cuánto se tarda en preparar esta receta, pero sí que es cierto que se puede ir haciendo en varios huecos para que no se nos haga tan pesado. Yo ahora os contaré todo seguido como prepararlas, pero podemos distinguir tres fases que se pueden hacer en momentos diferentes: asado de la calabaza, preparar la pasta y “liar” las croquetas. Vamos a verlas con más detalle…

La primera de las fases es asar la calabaza, como ya hicimos en alguna de nuestras recetas (concretamente en la de Cintas con Calabaza y Avellanas). Para ello, lo que haremos será poner a calentar el horno a 200 grados y cortar la calabaza en rodajas de unos 2-3 cm de grosor y ponerlas en una fuente para horno. Nos pondremos la cucharada de aceite de oliva en la palma de la mano y con ella embadurnaremos bien de aceite todos los pedazos de calabaza para que quede cubierta de una fina capa. Le añadiremos sal, el comino y unas cuantas vueltas de molinillo de pimienta negra (al gusto). Introduciremos la fuente en el horno y cocinaremos, esta vez sin ventilador, 25 minutos por un lado. Luego le daremos la vuelta a los trozos de calabaza y hornearemos otros 25 minutos por este lado. Pasado este tiempo, sacamos la bandeja del horno y dejamos enfriar. Como veis, esta fase no tiene mucho misterio, pero lleva su tiempo, así que hay que tenerlo en cuenta, pues también habremos de dejar que la calabaza se enfríe antes de poder manipularla.

La segunda fase es preparar la pasta de croquetas, que es, para mí, la más complicada, pues si fallamos en ella la fase 3 se puede convertir en un infierno, jejeje. Voy a intentar explicarme lo mejor posible para ponéroslo fácil, a ver si lo consigo 😉 El primer punto de esta fase será picar la cebolla en cuadritos pequeños. Cuando hayamos hecho esto, pondremos una cazuela a calentar al fuego al 60% de potencia y añadiremos a ésta la mantequilla. Cuando la mantequilla se haya derretido, añadiremos la cebolla y la rehogaremos durante 7 minutos, removiendo de vez en cuando. Mientras la cebolla se rehoga, cogeremos la calabaza y la cortaremos en cubitos, más o menos del mismo tamaño de los de la cebolla. Cuando hayan pasado los 7 minutos de rehogar la cebolla, añadiremos los cubitos de calabaza y rehogaremos el conjunto durante 5 minutos más.

Pasado este tiempo, añadiremos las 4 cucharadas de harina y removeremos bien para que toda ella quede impregnada de la mantequilla y de los jugos de cocción de las hortalizas. Entreteneros en esta operación durante unos 45 segundos, pero con cuidado de que la harina no se nos llegue a tostar nunca. Cuando lo tengamos, añadiremos poco a poco la leche, a la par que vamos removiendo para que empiece a mezclarse con la harina. Seguramente se nos harán grumos, que conviene deshacer para que veamos más claramente en punto de “espesor” de nuestra pasta. No obstante, que tampoco os genere ansiedad, ya que luego le daremos un toque con la batidora para que no nos queden tropezones muy grandes y para evitar esto mismo. Cuando hayamos incorporado toda la leche, añadiremos la sal (probar la masa cuantas veces sea necesario para ver que está bien de sazón) y mantendremos al fuego 1-2 minutos más, removiéndolo. Este punto es la clave de todo, el tiempo de esta fase de cocción final va a depender del grado de espesor de la masa. Sabremos que la pasta está lista cuando, al hacer un surco con el cucharón que atraviese la cazuela (de lado a lado y hasta el fondo del recipiente), la pasta tarde en “reconquistar” el espacio vacío entre dos y tres segundos (si es menos nos quedará muy líquida y no podremos liar las croquetas, si es más, las croquetas serán muy fáciles de liar, pero corremos el riesgo de que nos pasemos y parezcan más plastilina que croquetas). De cualquier modo, contad con que es difícil pillarle el punto a las croquetas. Hay que hacerlas muchas veces para saber coger el tino y aún así hay días que uno falla… si esto ocurre, no os desesperéis y seguir intentándolo; en realidad puede convertirse en un juego, si las vais haciendo cada día con distintos ingredientes y sabores. Ummmm.

Bueno, que me estoy liando… Cuando tengamos la pasta en este punto, apagaremos el fuego, volcaremos la pasta en un tupper planito o una bandeja de horno, lo taparemos y lo dejaremos enfriar un poco antes de meternos en la nevera, donde deberemos tenerlo unas 2-3 horas antes de poder terminarlas.

Pasado este tiempo (si tenemos prisa podemos meterlo al congelador para acelerar el enfriado), ya podremos iniciar la tercera fase: “liar” las croquetas. Supongo que este término no es muy técnico, pero es el que emplea mi abuela para definir esta tarea; así que, en honor a ella, yo os enseño la palabreja a vosotros, jejeje. Pues bien, antes de meternos en harina (nunca mejor dicho) hemos de comprobar el estado de nuestra pasta. Cogeremos un pequeño pedazo con una cucharilla y comprobaremos si podemos manipularla con las manos sin que se deshaga demasiado. Si esto no ocurre, no os preocupéis, podemos recurrir al truco de meter la pasta 30 minutos en el congelador para que la mantequilla termine de solidificarse y nos endurezca la pasta un poco. Cuando tengamos la pasta “manipulable”, yo os recomiendo que tracéis una cuadrícula en la bandeja con ayuda de un cuchillo para intentar que más o menos todas las croquetas nos salgan del mismo tamaño. Otro truco para conseguir esto mismo es hacer cada croqueta con la cantidad que quepa en una cucharilla (o cuchara, como más rabia os de) o incluso podéis darles forma con dos cucharillas, pero esto ya es para profesionales, ya os explicaré como se hace un poco más adelante. De momento, las liaremos con las manos, aunque debemos intentar manipularlas lo menos posible para que no se caliente la masa y de deshaga. Antes de mancharnos las manos, prepararemos el terreno: un plato hondo y grande con harina, otro con huevo y otro con pan rallado. Nos cubriremos las manos con un poco de harina y pondremos porciones de pasta primero en el plato de la harina, les daremos forma redondeada, les sacudiremos el exceso de harina y las meteremos el huevo. Les damos media vuelta con un tenedor, escurrimos el exceso de huevo y las pasamos al plato del pan rallado, para terminar de cubrirlas completamente. Hacemos estos tres pasos con cada una de las croquetas y hasta terminar la pasta, poniendo el resultado en una bandeja que meteremos al frigorífico (o al congelador si no las vamos a comer de inmediato).

Pero aún nos queda freírlas, que no es moco de pavo. Para freírlas yo os recomiendo sacarlas de la nevera con antelación, pues los cambios de temperatura pueden hacer que se rompan. Pondremos abundante aceite en un cazo, el suficiente como para poder sumergir las croquetas, y lo calentaremos a fuego medio, no demasiado fuerte por lo mismo que os comentaba antes. Cuando esté caliente, introduciremos 4-5 croquetas por vez, les daremos la vuelta con cuidado y, cuando estén listas (unos 30-40 segundos por cada lado) las sacaremos a un plato con papel de cocina para escurrir el aceite sobrante antes de ponerlas en el plato donde las vayamos a servir.

Hecho esto, ¡por fin ha llegado el momento de disfrutarlas! Espero que así sea, que os guste y cojáis el gusto a cocinar este plato. Buen provecho compañeros de fatiga!!!

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79. Chips de Berenjena a la Miel (18 min)

Vamos hoy con otra receta fácil para las noches de verano… Aprovechando que el último día nos quedamos con una berenjena a medias, vamos a aprovecharla para hacer este sabroso plato. Resulta ideal como un entrante o como cena para uno solo. Os cuento sin entretenernos más lo que necesitamos para preparar una ración como la de la foto:

  • 55 gr de berenjena (lo que nos sobró tras preparar las Pizzetas de Parrillada de Verduras, si es más o menos cantidad no importa; poned tanta como os apetezca).
  • 2 cucharadas de maicena
  • 3 cucharadas de leche fría
  • Aceite de oliva para freír
  • Sal

Para la salsa de miel:

  • 4 cucharadas de agua
  • 2 cucharadas de miel
  • 2 cucharadas de vinagre de arroz japonés
  • 2/3 de cucharadita, de las de moka, de maicena.

Para preparar nuestros chips, lo primero que haremos será lavar bien la berenjena (puesto que no la vamos a pelar) y cortarla en rodajitas de 2-3 milímetros de grosor aproximadamente. Las pondremos sobre un papel de cocina y les añadiremos un poco de sal para que “suden” y pierdan el amargor. Eso sí, para lograr el objetivo, conforme vayan sudando, deberemos secarlas con un poco más de papel de cocina.

Mientras dejamos sudar nuestra berenjena, prepararemos la salsa. Para ello ponemos una sartén antiadherente a fuego suave (en torno al 30-40% de potencia). Añadiremos a la sartén los ingredientes de la salsa en el mismo orden que os los he puesto en la lista y removemos bien. Mantenemos al fuego, removiendo de vez en cuando, durante 5 minutos hasta que haya reducido y espesado un poco la salsa. Retiramos la sartén del fuego y vertemos la salsa en una salsera para que se vaya enfriando.

Ahora llegamos a la parte final, la que puede ser “la más complicada”… jejeje, pero que nadie se asuste que es súper fácil. Lo que debemos hacer ahora es preparar el rebozado de las berenjenas. Para ello, echamos en un plato hondo las 3 cucharadas de leche fría y sobre ella las 2 cucharadas de maicena y una pizca de sal (no lo hagáis al revés que se os quedará la harina pegada al plato como me pasó a mi, jejeje, vaya ideas!!!). Removéis bien hasta que no queden grumos y reserváis.

Pondremos al fuego una sartén con abundante aceite, y pondremos el fuego fuerte, al 70% de potencia. Cuando el aceite empiece a humear, pasaremos rápidamente las rodajas de rebanada por el rebozado y las incorporaremos a la sartén por tandas, para evitar que se peguen unas con otras. Las tendremos unos 20 segundos por cada lado, hasta que se doren un poco, y las sacaremos a un plato con papel de cocina para que escurran el exceso de aceite. Cuando ya tengamos todas las rodajas listas y escurridas, servimos inmediatamente en la fuente con un poco de la salsa por encima y el resto de la misma en la salsera, para ir añadiéndola al gusto y evitar, a un tiempo, que nuestros chips se humedezcan demasiado. Et ¡voilà! ¡Listas para disfrutar!

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53. Pimientos del Piquillo Rellenos de Gambas (32 min)

Después de habernos endulzado con las fresas, volvemos a gestionar nuestro stock del frigorífico, jejeje. Recordad que teníamos pendiente de gastar los pimientos que no habíamos usado para los escalopines. Éstos, junto con un paquetito de langostinos congelados que acabo de comprar, nos vienen de perlas para preparar el plato de hoy. Se trata de un plato también tradicional de mi familia, receta de mi madre, que queda delicioso. Espero que os guste.

Vamos con los ingredientes para preparar una ración:

  • 4 pimientos del piquillo enteros (todos los que sobraron tras preparar los escalopines con salsa de piquillos)
  • 40 gr de cebolla (ya sin piel)
  • 1 huevo cocido (si lo tenemos sin cocer, contad con emplear al menos 12 minutos más para la receta, que es el tiempo que debéis tenerlo en agua hirviendo para que esté listo).
  • 100 gr de langostinos crudos enteros (he comprado, como os decía antes, un paquetito de 250 gr de langostinos enteros congelados, sacando para esta receta un poco menos de la mitad y dejando el resto en el congelador para la siguiente receta).
  • 2 cucharadas de nata líquida.
  • 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • 1 cucharadita, de las de moka, de harina
  • Sal

Para la bechamel:

  • 1 cucharada de aceite de oliva virgen extra
  • 1 cucharadita de harina
  • 12 cucharadas de leche (de la que nos sobró tras el postre de fresas con leche).
  • Sal
  • Nuez moscada (opcional)

 Como esta receta la remataremos en el horno, os recomiendo que primero de todo encendáis el horno, para que se vaya calentando, a 200 grados.

Tras ello, trocead la cebolla en cubitos pequeños y reservarla. Pelad el huevo duro y cortarlo también en cubitos y lo mismo con los langostinos: pelarlos y cortarlos en trozos de 1,5 cm de largo. Ya tenemos nuestro “mise en place” o lo que es lo mismo, nuestro “terreno” preparado para ponernos a preparar la receta sin interrupciones.

Ahora, calentamos una sartén al 60% de potencia y le echamos las dos cucharadas de aceite. Cuando el aceite esté caliente, añadimos la cebolla y rehogamos durante 6 minutos, hasta que empiece a dorarse. Llegado este punto, añadiremos los langostinos en trozos y saltearemos el conjunto durante 1 minuto, añadiendo por último el huevo en cubitos (ojo, si veis que el huevo es muy grande, no lo echéis entero) rehogándolo todo durante 1 minuto más. Hecho esto, añadimos ahora la cucharadita de moka de harina, las dos cucharadas de nata y sal, removemos bien dejando que la harina se tueste ligeramente, apagamos el fuego y dejamos reposar.

Entre tanto, en un cazo pequeño vamos a preparar la bechamel. Encendemos el fuego al 50% de potencia y añadimos al cazo la cucharada de aceite. Cuando esté caliente, añadimos la cucharadita de harina y removemos bien pero sin dejar que llegue a tostarse. Añadiremos ahora la leche cucharada a cucharada sin dejar de remover e intentando evitar que salgan grumos. No obstante, si vemos que cuando hayamos añadido toda la leche nos queda alguno, siempre podemos arreglarlo pasándolo un poco por la batidora. Sazonamos con la sal y con la nuez moscada al gusto y reservamos.

Ahora llega el momento más delicado: rellenar los pimientos! Jejeje. Nada, no os preocupéis que no tiene ninguna dificultad. Sólo tenéis que escurrirlos bien, sujetarlos en el hueco entre el pulgar y el resto de los dedos (con la mano en forma de catalejo) y abrir el hueco del pimiento. Con ayuda de una cucharilla, coged la mezcla de gambas de la sartén y rellenad los pimientos. Conforme vayáis rellenándolos, irlos poniendo en una fuente apta para horno no muy grande. Cuando tengáis los 4 pimientos rellenos, regadlos con la bechamel y meterlos al horno (con calor arriba y abajo) durante 10 minutos. Si queremos darle un toque de color, en el último minuto poned también el gratinador. Y ¡ya están! ¡Listos para servir y comer!  

Nota: Si queréis una versión más melosa, podéis cambiar la mitad de leche de la bechamel por nata líquida para cocinar (ya que la tenemos abierta para el relleno… conviene gastarla). Eso sí, sed conscientes de que tendrá más calorías 😉

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