35. Brochetas rápidas de Mar y Montaña (7 min)

Si tus amigos y familiares son dados a no confirmar si vienen o no hasta el último momento, esta receta te vendrá de perlas. Unas brochetas muy fáciles de preparar, sabrosas y que darán un puntito sorprendente a tu mesa. Por supuesto, no perdiendo de vista el motivo principal del blog, también son aptas para prepararse en pequeñas cantidades y servir de plato fuerte para un único comensal. En este caso, tened en cuenta que llenan bastante y con un par de ellas o como mucho 3 por persona es más que suficiente.

Las unidades por persona las dejo a vuestra elección entonces y os listo los ingredientes para cada brocheta:

  • 2 langostinos crudos (del mismo lote que empezamos cuando hicimos el wok. Recordad, si son congelados, pasarlos a la nevera mínimo 8 horas antes de ponernos a cocinar)
  • 1 rodajita de chorizo tipo palacios  de unos 7 gr (del mismo chorizo que empezamos cuando preparamos las lentejas)
  • 1 huevo
  • Pan rallado
  • 1 palito para brocheta (mejor de bambú)
  • Aceite de oliva

Para prepararlos, simplemente pelamos los langostinos, les quitamos la cabeza y los salamos ligeramente. Pelamos también la rodajita de chorizo y la partimos por la mitad. Montamos la brocheta poniendo un langostino, media rodajita de chorizo, el otro langostino y la otra media rodajita.

Batimos el huevo en un plato hondo y salamos ligeramente. En otro plato, ponemos un poco de pan rallado. Pasamos la brocheta primero por el huevo, la escurrimos un poco y la pasamos por el pan rallado después, para que quede bien empanada.

Ponemos una buena cantidad de aceite de oliva (lo suficiente como para que la brocheta quede sumergida cuando la metamos en la sartén) en una sartén y ponemos el fuego al 60% de la potencia. Una vez el aceite se haya calentado (podemos probar a echar una gotita del huevo y si chisporrotea, es que está a punto), metemos la brocheta y la tenemos unos 45 segundos por cada lado. Mientras tanto, preparamos un plato con un par de capas de papel de cocina y, cuando las brochetas estén listas, las sacamos a ese plato para que escurran y el papel absorba todo el aceite sobrante. Las cambiamos poco después al plato donde las vayamos a servir y ¡a comerlas antes de que se enfríen!

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34. Wok de Langostinos y Brócoli en Salsa de Ostras (17 min)

Esta receta me pareció sublime cuando la probé en un restaurante asiático cercano a mi trabajo, así que no pude evitar la tentación de investigar y practicar hasta que me quedó prácticamente igual que la original. Os cuento ahora el resultado, pues es una receta ligera y saludable y la forma ideal de acabar la última ración de brécol que nos quedaba en la nevera.

Los ingredientes que váis a necesitar os los comento a continuación, un par de ellos (la salsa de ostras y el aceite de sésamo) son un poco más específicos de la cocina asiática, pero son relativamente fáciles de encontrar ya en grandes superficies o tiendas especializadas. En mi caso, los compré en Makro, pero también podéis encontrarlos, por ejemplo en Tokyo Ya si estáis cerca de Madrid o Barcelona:

  • 70 gr de brócoli (pesado ya limpio y en ramitas, da justo para terminar el brécol que empezamos con las bolitas de arroz y el dip)
  • 8 langostinos crudos (yo he comprado una caja de langostinos crudos congelados, que viene muy bien pues basta con pasar la cantidad deseada del congelador a la nevera unas 8-10 horas antes de que lo vayamos a cocinar)
  • 20 gr de cebolla limpia
  • 3 cucharadas de aceite de oliva
  • 1 cucharadita de aceite de sésamo.
  • 2 cucharadas de salsa de ostras (oyster sauce).
  • Sésamo negro para decorar.

La preparación es la mar de fácil. Lo primero que tenéis que hacer es cortar la cebolla en juliana, pelar los langostinos y separar el brécol limpio en ramitas.

Cuando lo tengamos, ponemos a calentar el wok en el fuego y, 1 minuto después, le añadimos las 3 cucharadas de aceite de oliva. Tras ello añadimos la cebolla y lo removemos vivamente, salteandolo, durante 2 minutos. Después, añadimos el brócoli y lo seguimos salteando otros dos minutos. Por último, añadimos los langostinos y un poco de sal y seguimos salteando hasta que los langostinos dejen de estar transparentes (1 minuto y medio aprox). Este es el momento de añadir las 2 cucharadas de salsa de ostras, removiendo de la misma forma 2 minutos más para que quede bien integrado. Apagamos el fuego, añadimos ahora el aceite de sésamo (al aceite de sésamo le sienta mal el cocinado, por eso lo añadimos al final de la cocción). Removemos, emplatamos y servimos enseguida, espolvoreándolo con un poco de sésamo negro.

Espero que os guste!!

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33. Copita fácil Strawberry Cheesecake (10 min + maceración)

Aquí os dejo un postre facilísimo para esta temporada de fresas y para aprovechar ese yogur que nos queda en la nevera. ¿Os gusta la clásica tarta de queso con fresas? Pues entonces este postre os gustará seguro.  

Aquí van los ingredientes para 4 copitas como la de la foto (8 cl), si es para uno solo, ideal para tenerlo, sin montar, en la nevera e irlo gastando durante 4-5 días:

Para la crema:

  • 1 yogur griego natural (del pack que compramos para preparar la crema de remolacha y el dip)
  • 100 gr de queso philadelphia
  • 10 gr de azúcar
  • 1 cucharadita, de las de moka, de esencia de vainilla (ya debemos tener en el armario, si hicimos el bizcocho de remolacha y chocolate)

Para la capa de fresa:

  • 100 gr de fresas (ya pesadas sin los rabitos y sin partes “desechables” –golpes o partes que no vayamos a utilizar)
  • 9 gr de azúcar
  • 2 cucharaditas de vinagre de vino blanco

Para decorar:

Para prepararlo, empezamos por cortar las fresas en cubitos y ponerlas a macerar en un bol junto con el azúcar (los 9 gr) y el vinagre. Debemos tenerlo macerando un mínimo de media hora para que el vinagre saque bien los jugos de la fresa y el postre se integre.

Mientras tanto, aprovecharemos para batir, en el vaso de la batidora, el yogur, el queso, el azúcar (los 10 gr restantes) y la esencia de vainilla. Reservamos la mezcla en la nevera hasta que estén listas las fresas.

A la hora de servirlo, poner una capa de las fresas marinadas, rellenar el vasito con la crema de queso y yogur y decorar con polvo de galleta (=galleta triturada con las manos y espolvoreada).

¡Así de fácil! ¡ Bon apetit!

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32. Bolitas de arroz con brócoli y jamón (43 min)

Esta receta nos servirá para seguir gastando la pieza de brécol que compramos anteayer y resulta ideal para engañar a los niños y animarles a probar verdura camuflada. Estas bolitas les resultarán divertidas por tener formato de croqueta y, al tener jamón york, no dejará de sonarles familiar y les gustará.

Para casos como el mío, como el de muchos otros singles, esto no es una ventaja añadida al plato, porque cuando uno lo cocina… por mucho que quiera engañarse, sabe lo que le ha echado 😉

Jejeje, otra vez me estoy alargando, y hoy precisamente no interesa que tenemos tarea por delante. Os listo los ingredientes para hacer 12 bolitas como las de la foto. Esto es una cantidad, si es para una persona, como para dos veces. Yo las reservé empanadas y sin freir en la nevera dos días y aguantaron bien, pero no probé a congelarlas… quizá la próxima vez.

  • 20 gr de mantequilla (8 para el arroz y 12 para el salteado)
  • 100 gr de arroz bomba
  • 250 ml de caldo de verduras (yo usé los que había congelado después de hacer la crema de remolacha)
  • 40 gr de brócoli (del que empezamos ayer con el Dip)
  • 30 gr de jamón york en taquitos
  • 2 huevos (uno entero y del otro sólo la yema)
  • Pan rallado
  • Papel de horno

 Para preparar las bolitas, vamos a empezar primero por el arroz. De hecho os voy a enseñar un método que debéis tener presente para futuras recetas pues es la manera de, sin ser una paella, cocer el arroz con el caldo justo (para no tener que escurrirlo y perder sabor) y que todo tenga el punto adecuado (no quede duro lo de arriba y quemado lo de abajo): es el arroz pilaf.

Antes de empezar a cocinar el arroz, tenéis que cortar el papel de horno tal y como os muestro en este esquema. Cortáis un cuadrado, lo dobláis por la mitad juntando las esquinas opuestas (para que quede un triángulo) y así sucesivamente hasta tener un triangulito pequeño. Lo cortáis a la medida del cazo (ayudaos situando la punta del triángulo en el centro, tomando así la medida) y le cortáis después la punta para que quede otro circulito en el centro.

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Cuando lo tengáis, podemos empezar la tarea. Poner los 8 gr (1/3 aprox) de la mantequilla en el cazo y encender el fuego al 50% de potencia. Cuando se haya derretido, rehogar en ella el arroz 1 minuto, añadir el caldo y una pizca de sal y taparlo con el papel de horno como hemos hecho en la foto. Tomar nota del tiempo, pues desde que lo tapáis tenéis que contar 20 minutos de cocción.

Este tiempo nos servirá para cortar los taquitos de jamón york (2x2mm) y separar el brócoli, ya lavado, en ramitas muy pequeñas.  Cuando lo tengamos, ponemos en una sartén el resto de la mantequilla y ponemos al fuego, al 50% de potencia. Cuando se derrita añadimos el brécol primero y el jamón de york 1 minuto después. Lo rehogamos todo 3 minutos más, apagamos el fuego y reservamos el salteado en un bol.

Cuando hayan pasado ya los primeros 15 min del arroz, es bueno que vayáis sacudiendo el cazo de vez en cuando para evitar que se pegue al fondo. Y, cuando lleve ya 18 minutos, podéis aprovechar para comprobar el punto del arroz, sacando algunos granos con una cucharilla a través del agujero del centro. Cuando haya cogido el punto que queremos (hecho pero no demasiado blando) apagamos y retiramos del fuego. Si tenemos tiempo, es bueno dejarlo reposar un ratito así, para que termine de asentarse el arroz. Cuando se haya enfriado un poco, retiramos el papel y removemos el arroz enérgicamente con ayuda de una cuchara o un tenedor.

Llega ahora el momento de formar las bolitas!!! Pues bien, para ello, pondremos en un bol el arroz, el salteado de brécol y jamón y lo mezclamos bien. Probamos el punto de sal y corregimos si es necesario. Añadimos también la yema de huevo y mezclamos otro poco.

Abrimos también el otro huevo y lo batimos en un plato hondo, que nos servirá para empanar las bolitas.

Cuando tengamos la pasta de arroz bien integrada, comenzamos a formar bolitas. Si nuestra yema era demasiado grande, puede que la mezcla nos quede demasiado líquida y no nos sirva para hacer bolas. Si es el caso, podéis añadir dos cosas: o un poco de pan rallado o un poco de queso parmesano en polvo (si aún nos queda algo en la nevera, que no es mi caso, jejeje). De todos modos, os será muy útil tener a mano la aceitera y untaros las manos con un poco de aceite de oliva antes de hacer las bolitas para evitar que se os queden pegadas a las manos.

Cuando vayamos teniendo unas cuantas bolas hechas, las pasamos por el huevo batido y por pan rallado después, para que nos queden bien empanadas. Continuaremos la operación hasta acabar con toda la pasta de arroz.

Llegado este punto, lo dicho, las que no os vayáis a comer en el momento, taparlas bien y a la nevera, pero no tardéis más de dos días en gastarlas, ya que llevan huevo crudo y nos podemos “jugar el tipo” (pasa igual que con la mayonesa o cualquier otra elaboración con huevo crudo).

Ahora nos quedan ya las que nos vamos a tomar ahora. Pues bien, nos pondremos a freírlas, en aceite de oliva bien caliente (al 60% de potencia). Yo os recomiendo poner en una sartén pequeñita con bastante cantidad de aceite y freírlas en varias tandas si hace falta. De esta manera, se harán bien y sólo tendréis que darles media vuelta para terminar de freírlas. Con 1 minuto por cada lado será suficiente, pero si os gustan más tostaditas, pues dejarlas un poco más de tiempo. Cuando estén a vuestro gusto, las sacamos a un plato llano con un papel de cocina por encima para que absorba todo el aceite sobrante.

Por último, las emplatamos en la fuente o plato donde vayamos a tomar y ¡listo!

Nota: Como sugerencia, podéis incluir en la fuente un pequeño recipiente con salsa de soja; pues esta salsa acompaña muy bien con las bolitas y les da un toque más oriental. ¡Espero que os gusten!

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31. Dip de Queso Azul con Crudités de Brécol (10 min)

Ya que hemos comprado yogures griegos para la crema de remolacha, vamos a aprender a darles en estos días un buen uso a las 3 unidades que aún nos quedan; yendo un poco más allá de lo que puede ser echarle azúcar y tomarlos de postre 😉

En concreto, esta receta me encanta para cuando tienes una cenita en casa y poco tiempo para dedicarle a la cocina; pues es sabrosa, elegante y no da nada de trabajo. Eso sí, aseguraos primero de que a vuestro “público” le guste el queso azul y las crudités (verduras crudas); no vayáis a darles un disgusto.

Por el momento, como estamos hablando de hacer comida para uno, nos valdrá con que os guste a vosotros mismos. Os listo los ingredientes para una persona (aunque con ellas a mi me ha dado para dos veces):

  • 1 yogur griego natural (125 gr)
  • 65 gr de queso cabrales (de hoja. Yo compré marca La Fueya. Si no enlazáis con otras recetas, comprar sólo esta cantidad al corte en una charcutería tradicional –pedid una cuña lo más pequeña posible y más o menos pesará esto-)
  • 100 gr de ramitas de brécol (ya limpio como os indico un poco más abajo)

La elaboración es lo más fácil del mundo. Laváis bien el brécol y lo separáis en ramitas de un tamaño adecuado como para tomarlas de un solo bocado. Lo secamos bien y reservamos.

En un bol, echamos el yogur y casi todo el queso, apartando las hojas (yo, al menos, no me las como) y unos granitos de queso para decorar. Ayudándonos de un tenedor, vamos espachurrando el contenido del bol y mezclándolo, para deshacer los grumos de queso y que nos quede una pasta bien ligada.

Cuando ya no quede ningún grumo (bueno, si os gusta con trocitos, dejad alguno), lo servimos en un cuenco y decoramos con los granitos reservados. Acompañamos el cuenco de un platito con las ramitas de brécol. ¡Y a dipear!

 Nota: A esta mezcla de yogur también le va muy bien la endivia, por lo que podréis combinar las crudités de brécol con unas hojas de endivia para dipear.

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30. Bizcocho de Remolacha y Chocolate (48 min)

Curiosa mezcla, ¿verdad? Pues debo deciros que el sabor es sorprendente, suave y redondo. Delicioso acompañado de un buen café con leche. Además es un bizcocho que queda jugosísimo sin apenas llevar nada de aceite, gracias al alto contenido en agua de la propia remolacha; cosa que nos vendrá bien ahora que nos damos cuenta que los días empiezan a alargar, y que el verano está un poco más cerca… jejeje.

Con esta receta ya terminamos nuestro stock de remolacha, despidiéndonos, por el momento, del color morado  😉 

Os listo rápidamente los ingredientes que lleva el bizcocho, para poder meternos “en harina”:

  • 90gr de remolacha cocida (la que nos quedó después de la ensalada y la crema)
  • 25 gr de cacao puro en polvo (yo usé el de la marca Valor)
  • 55 gr de harina (mejor de repostería)
  • 1 cucharadita, de las de moka, de levadura química (tipo Royal)
  • 80 gr de azúcar glass
  • 1 huevo pequeño (60 gr pesó el mío)
  • ½ cucharadita, de las de moka, de esencia de vainilla.
  • 65 ml de aceite de girasol (son 63 gr)
  • Una “avellana” (un cubito del tamaño de una avellana, quiero decir) de mantequilla y algo más de harina para preparar el molde.

 ¿Cómo prepararlo? Pues lo primero es poner a calentar el horno a 180ºC (no tengáis la tentación de ponerlo más fuerte para que termine antes, correréis el riesgo de quemarlo por fuera y dejarlo crudo por dentro. Vuestra paciencia tendrá recompensa… jejeje).

Después, ponemos todos los ingredientes secos en un bol y los mezclamos bien. Esto es: la harina, el azúcar glass, el cacao y la levadura.

En el vaso de la batidora, echamos el aceite y la remolacha y lo batimos hasta que no queden pedazos grandes de remolacha. En otro bol, batimos el huevo, le añadimos la esencia de vainilla y por último la mezcla de aceite y remolacha y mezclamos todo muy bien. Cuando lo tengamos, hacemos un hueco en el centro del bol de los ingredientes secos y vertemos en él los ingredientes húmedos. Con ayuda de una cuchara vamos haciendo movimientos en espiral hacia afuera para ir mezclando la parte húmeda con la seca. Removeremos hasta tener una masa bien integrada.

Preparamos el molde. En esta ocasión yo usé uno alargado de 350ml (10x17cm), bueno, en realidad es un tupper de vidrio, pero al ser de pyrex también sirve para horno. Para ello, untamos todo el interior del recipiente con la mantequilla y luego le echamos una cucharadita de harina y sacudiremos bien para que nos quede todo cubierto  por una capa mantequilla/harina, tenemos que tener la precaución de que no nos quede nada de harina que no esté adherida al molde, pues podrían hacerse grumos y dar sabor de crudo al bizcocho.

Cuando tengamos el molde preparado, vertemos en él la mezcla y lo introducimos en el horno, en esta ocasión sin ventilador. Lo mantendremos ahí, a 180 grados, unos 38 minutos o hasta que, cuando pinchemos con un cuchillo, el cuchillo salga limpio.

El tiempo de cocción variará en función de la forma de vuestro recipiente, así que una vez que haya pasado la primera media hora, debéis estar atentos para que no se pase de cocción. Igualmente, si veis que la superficie empieza a tostarse, podéis taparlo con un papel de aluminio para evitar que el tostado se acabe convirtiendo en quemado 😉

Llegado este punto, lo sacamos del horno, dejamos enfriar y ¡a disfrutar!

 Nota: Este bizcocho os aguantará jugoso toda la semana si entre un “ataque” y otro lo tapáis bien con papel de aluminio, evitando que entre en contacto con el aire. Espero que os guste.

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