106. Arroz con Puerros y Chipirones (37 min)

Hace unos días, cuando preparamos el abadejo al cava, nos dejamos aparcados el resto de puerros que habíamos comprado. Hoy llega el momento de rescatarlos para esta receta que, he de deciros, es una de mis especialidades… jejejeje. Este arrocito me ha servido para conquistar a mi familia y amigos, aunque la idea original no la tuve yo, sino que la conocí en una arrocería que ya no existe, en la madrileña calle de Alberto Alcocer. Ese día aprendí dos lecciones: que los puerros y chipirones maridan bien y que uno ha de tener mucho cuidado cuando agarre el asa desnuda de una paellera. ¡¡¡Demonios, vaya quemadura me hice!!! Desde luego escarmenté 😉

Lecciones aparte, vamos a centrarnos ya en nuestra receta de hoy. Para una ración de este arroz necesitaréis:

  • 75 gr de puerro limpio (del que empezamos en la receta de Abadejo al Cava con Crujiente de Puerro)
  • ½ diente de ajo
  • 130 gr de chipirones (esto son unos 4 chipirones medianos. Si los compráis limpios, son 75 gr lo que necesitaréis).
  • 1 tomate pera
  • 4 cucharadas de aceite de oliva
  • 80 gr de arroz bomba
  • 200 ml de caldo de pescado
  • Sal
  • 5-6 hebras de azafrán

Lo primero que haremos, para preparar nuestro arroz, será preparar el mise en place (todo aquello que hemos de tener listo en la mesa antes de encender el fuego). Nuestras tareas previas son picar el medio diente de ajo, que reservaremos en un platito. Pelaremos, quitaremos las semillas y cortaremos en cubitos el tomate, reservándolo en un cuenco. También limpiaremos y cortaremos el puerro en rodajitas de unos 3mm de grosor y reservaremos. Y por último limpiaremos los chipirones: les quitamos la piel, separamos las patas de la cabeza, eliminamos el pico de la zona de las patas y vaciamos y desechamos el contenido de la cabeza, sin olvidarnos de quitar “la pluma” que hace las veces de “columna vertebral” del animal. Cuando hayamos eliminado todo esto, los pasamos por agua fría para terminarlos de limpiar, y los cortamos en rodajitas un poco más anchas que las rodajas de puerro.

Cuando hayamos hecho todo esto, ya podemos poner en marcha el fuego. Siendo un arroz para uno solo, tampoco hay que ser sibaritas, así que emplearemos una sartén (yo usé una de 18 cm de diámetro). Encendemos el fuego, al 60% de potencia, y le añadimos las cuatro cucharadas de aceite y el puerro, que rehogaremos durante 6 minutos, removiendo de vez en cuando. Pasado este tiempo, añadiremos los chipirones limpios y el medio diente de ajo picado, rehogando todo 3 minutos más. Por último, añadiremos los cubitos de tomate y rehogaremos 5 minutos más.  Y ya tenemos nuestro sofrito!!

En este punto podríamos parar la cocción y reservar el sofrito hasta el momento de preparar el arroz, incluso podríais congelarlo (siempre que los chipirones no sean congelados) para tenerlo para otra ocasión, pero en nuestro caso vamos a preparar el arroz directamente. Para ello, añadiremos en este momento el arroz a la sartén. Le daremos una vuelta para que se empape bien de los jugos del sofrito, y a continuación le añadimos el caldo de pescado, un poco de sal y las hebras de azafrán. Mantenemos el fuego al 60% de potencia y dejamos hervir durante 10 minutos. Pasado este tiempo, removeremos una vez el contenido de la paellera (ojo, sólo una vez), lo aplanaremos nuevamente y bajaremos el fuego, al 50% de potencia, para tenerlo otros 8 minutos al menos (el arroz bomba suele tardar unos 20 min en total en hacerse). En los últimos 5 minutos, estaremos en el punto crítico, tenemos que vigilar que la sartén no se quede sin caldo y que el arroz no esté duro. En mi caso, el guiso necesitó 2 minutos más de cocción (es decir, al final fueron los 20 minutos de rigor) y 2 cucharadas más de caldo.

En cuanto veamos que el arroz está casi en su punto (esto es, un pelín al dente), apagaremos el fuego, taparemos la sartén con un paño limpio, y dejaremos reposar así durante 5 minutos. Tras el reposo, mezclamos bien el contenido de la “paellera”  y servimos en el plato acompañado, si se desea, de un pelín de alioli.

¡Espero que lo disfrutéis! Yo, desde luego, lo hice 😉

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105. Empanadillas de Calabaza y Butifarra Blanca (55 min)

Hoy vamos a abordar nuestra segunda receta con los “restos” de las calabazas de Halloween… Y en nuestro caso, además, será la última receta con calabaza por ahora, pues yo no tenía más que media, y no por Halloween, sino gracias al Sr. Nube, que le regaló una a mi padre y él decidió compartirla. ¡Es un gusto poder contar de vez en cuando con productos de huerto! ¡Muchas gracias!

Como es una receta un poco entretenida, no me entretengo más con los “preliminares”… Vamos allá con la lista de ingredientes, en este caso para 10 empanadillas grandes, que, como son muchas para una persona, yo me llevé de picnic para compartir con unos buenos amigos:

  • 245 gr de calabaza, limpia (del mismo lote que empezamos al hacer las croquetas de calabaza).
  • 160 gr de cebolla, limpia (igualmente, del lote que empleamos para las croquetas)
  • 2 cucharadas de aceite de oliva virgen
  • Sal
  • 280 gr de butifarra blanca (mejor ibérica, unas 8 unidades pequeñas).
  • 10 obleas de empanadillas grandes
  • 1 huevo

Para esta receta, lo primero que debemos hacer es precalentar el horno a 200 grados. Mientras tanto, debemos cortar la calabaza en rebanadas lo más finas posible, como de unos 2mm de grosor (como las de la foto). Para esta tarea os vendrá muy bien una mandolina, pero si no la tenéis, con cuchillo y un poco de paciencia también lo tendréis listo. Es importante, eso sí, que os queden lo más regulares posible, para que se cocinen todas al mismo tiempo. Cuando las tengamos, le llegará el turno a la cebolla, que cortaremos en juliana (tiras finas, de unos 3 mm de ancho en este caso). Cuando tengamos ambas cosas cortadas, las pondremos en una bandeja de horno y les añadiremos sal y las dos cucharadas de aceite. Con las dos manos, removeremos el contenido de la bandeja, masajeando para que todas las verduras tengan un leve toque de aceite y sal por encima. Nos lavamos las manos, y metemos la bandeja en el horno, sin aire, manteniéndola ahí durante 20 minutos.

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Este intervalo de tiempo lo usaremos para cortar las butifarras en rodajas de unos 3 mm de grosor y reservarlas. Y nos sobrará  tiempo para hacer alguna otra cosilla… jejeje.

Cuando hayan pasado  los 20 minutos del horno, sacaremos la bandeja, pondremos las rodajas de butifarra por encima de la calabaza y lo hornearemos, ahora con aire, 15 minutos más.

Pasado ese tiempo, sacamos la bandeja del horno y volcamos el contenido sobre un escurridor, para retirar el máximo de grasa posible que habrá soltado la butifarra durante la cocción. Lo dejamos escurrir y enfriar unos 5 minutos al menos y después pasamos nuestra mezcla a un bol. Aplastamos el contenido del bol con un tenedor, probamos de sazón y corregimos si es necesario.

Ha llegado el momento de rellenar las empanadillas. Pondremos un papel de horno sobre la bandeja e iremos rellenando cada oblea de empanadilla con una cucharada de nuestra mezcla. Doblamos la oblea por la mitad, sellamos los bordes (con un tenedor o con dos dobleces que pisaremos con el dedo) y las pintamos con huevo batido. Metemos al horno de nuevo (ahora con ventilador también) y horneamos hasta que estén doradas (unos 6 minutos a 200 grados). Sacamos del horno, dejamos enfriar y ¡listas para disfrutar!

Espero que os gusten.

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104. Croquetas de Calabaza (un buen rato, en varios huecos).

Ya ha pasado Halloween y seguramente tanto en los supermercados como en las casas haya un montón de calabazas que no se sabe si pueden tener algún destino distinto de aquel para el que fueron compradas. Pues bien, yo espero poder sacaros de esa duda con nuestra receta de hoy y la del próximo día, ambas basadas en este fantástico ingrediente. Comenzaremos por estas croquetas que me han proporcionado más de una y más de dos felicitaciones de aquellos que las han probado (bueno, y quizá alguna más, pero no quiero pecar de presuntuosa, jejeje). Pues bien, aquí os voy a dar hoy el detalle de cómo prepararlas para hacer las delicias de los vuestros. Y, sí, digo de los vuestros porque hoy os voy a dar las cantidades como para unas 25 croquetas que, según mi criterio, son muchas para comerlas uno solo…. Aunque es cierto que una vez preparadas admiten perfectamente el congelarse. Así que lo dejo a vuestra elección: compartir o no compartir, esa es la cuestión.

Necesitaremos para preparar nuestras 25 croquetas:

Para asar la calabaza:

  • 220 gr de calabaza, limpia
  • Sal
  • Pimienta negra
  • 1 cucharada de aceite
  • ½ cucharadita, de las de moka, de cominos molidos

Para “rematar” las croquetas:

  • 100gr de cebolla, limpia
  • 80 gr de mantequilla
  • 4 cucharadas de harina (bien colmadas)
  • 350 ml de leche templada.
  • Sal

Para “liar” las croquetas:

  • 1 huevo
  • Harina y pan rallado a discreción

Jejeje, como veis en el título, he sido incapaz de determinar cuánto se tarda en preparar esta receta, pero sí que es cierto que se puede ir haciendo en varios huecos para que no se nos haga tan pesado. Yo ahora os contaré todo seguido como prepararlas, pero podemos distinguir tres fases que se pueden hacer en momentos diferentes: asado de la calabaza, preparar la pasta y “liar” las croquetas. Vamos a verlas con más detalle…

La primera de las fases es asar la calabaza, como ya hicimos en alguna de nuestras recetas (concretamente en la de Cintas con Calabaza y Avellanas). Para ello, lo que haremos será poner a calentar el horno a 200 grados y cortar la calabaza en rodajas de unos 2-3 cm de grosor y ponerlas en una fuente para horno. Nos pondremos la cucharada de aceite de oliva en la palma de la mano y con ella embadurnaremos bien de aceite todos los pedazos de calabaza para que quede cubierta de una fina capa. Le añadiremos sal, el comino y unas cuantas vueltas de molinillo de pimienta negra (al gusto). Introduciremos la fuente en el horno y cocinaremos, esta vez sin ventilador, 25 minutos por un lado. Luego le daremos la vuelta a los trozos de calabaza y hornearemos otros 25 minutos por este lado. Pasado este tiempo, sacamos la bandeja del horno y dejamos enfriar. Como veis, esta fase no tiene mucho misterio, pero lleva su tiempo, así que hay que tenerlo en cuenta, pues también habremos de dejar que la calabaza se enfríe antes de poder manipularla.

La segunda fase es preparar la pasta de croquetas, que es, para mí, la más complicada, pues si fallamos en ella la fase 3 se puede convertir en un infierno, jejeje. Voy a intentar explicarme lo mejor posible para ponéroslo fácil, a ver si lo consigo 😉 El primer punto de esta fase será picar la cebolla en cuadritos pequeños. Cuando hayamos hecho esto, pondremos una cazuela a calentar al fuego al 60% de potencia y añadiremos a ésta la mantequilla. Cuando la mantequilla se haya derretido, añadiremos la cebolla y la rehogaremos durante 7 minutos, removiendo de vez en cuando. Mientras la cebolla se rehoga, cogeremos la calabaza y la cortaremos en cubitos, más o menos del mismo tamaño de los de la cebolla. Cuando hayan pasado los 7 minutos de rehogar la cebolla, añadiremos los cubitos de calabaza y rehogaremos el conjunto durante 5 minutos más.

Pasado este tiempo, añadiremos las 4 cucharadas de harina y removeremos bien para que toda ella quede impregnada de la mantequilla y de los jugos de cocción de las hortalizas. Entreteneros en esta operación durante unos 45 segundos, pero con cuidado de que la harina no se nos llegue a tostar nunca. Cuando lo tengamos, añadiremos poco a poco la leche, a la par que vamos removiendo para que empiece a mezclarse con la harina. Seguramente se nos harán grumos, que conviene deshacer para que veamos más claramente en punto de “espesor” de nuestra pasta. No obstante, que tampoco os genere ansiedad, ya que luego le daremos un toque con la batidora para que no nos queden tropezones muy grandes y para evitar esto mismo. Cuando hayamos incorporado toda la leche, añadiremos la sal (probar la masa cuantas veces sea necesario para ver que está bien de sazón) y mantendremos al fuego 1-2 minutos más, removiéndolo. Este punto es la clave de todo, el tiempo de esta fase de cocción final va a depender del grado de espesor de la masa. Sabremos que la pasta está lista cuando, al hacer un surco con el cucharón que atraviese la cazuela (de lado a lado y hasta el fondo del recipiente), la pasta tarde en “reconquistar” el espacio vacío entre dos y tres segundos (si es menos nos quedará muy líquida y no podremos liar las croquetas, si es más, las croquetas serán muy fáciles de liar, pero corremos el riesgo de que nos pasemos y parezcan más plastilina que croquetas). De cualquier modo, contad con que es difícil pillarle el punto a las croquetas. Hay que hacerlas muchas veces para saber coger el tino y aún así hay días que uno falla… si esto ocurre, no os desesperéis y seguir intentándolo; en realidad puede convertirse en un juego, si las vais haciendo cada día con distintos ingredientes y sabores. Ummmm.

Bueno, que me estoy liando… Cuando tengamos la pasta en este punto, apagaremos el fuego, volcaremos la pasta en un tupper planito o una bandeja de horno, lo taparemos y lo dejaremos enfriar un poco antes de meternos en la nevera, donde deberemos tenerlo unas 2-3 horas antes de poder terminarlas.

Pasado este tiempo (si tenemos prisa podemos meterlo al congelador para acelerar el enfriado), ya podremos iniciar la tercera fase: “liar” las croquetas. Supongo que este término no es muy técnico, pero es el que emplea mi abuela para definir esta tarea; así que, en honor a ella, yo os enseño la palabreja a vosotros, jejeje. Pues bien, antes de meternos en harina (nunca mejor dicho) hemos de comprobar el estado de nuestra pasta. Cogeremos un pequeño pedazo con una cucharilla y comprobaremos si podemos manipularla con las manos sin que se deshaga demasiado. Si esto no ocurre, no os preocupéis, podemos recurrir al truco de meter la pasta 30 minutos en el congelador para que la mantequilla termine de solidificarse y nos endurezca la pasta un poco. Cuando tengamos la pasta “manipulable”, yo os recomiendo que tracéis una cuadrícula en la bandeja con ayuda de un cuchillo para intentar que más o menos todas las croquetas nos salgan del mismo tamaño. Otro truco para conseguir esto mismo es hacer cada croqueta con la cantidad que quepa en una cucharilla (o cuchara, como más rabia os de) o incluso podéis darles forma con dos cucharillas, pero esto ya es para profesionales, ya os explicaré como se hace un poco más adelante. De momento, las liaremos con las manos, aunque debemos intentar manipularlas lo menos posible para que no se caliente la masa y de deshaga. Antes de mancharnos las manos, prepararemos el terreno: un plato hondo y grande con harina, otro con huevo y otro con pan rallado. Nos cubriremos las manos con un poco de harina y pondremos porciones de pasta primero en el plato de la harina, les daremos forma redondeada, les sacudiremos el exceso de harina y las meteremos el huevo. Les damos media vuelta con un tenedor, escurrimos el exceso de huevo y las pasamos al plato del pan rallado, para terminar de cubrirlas completamente. Hacemos estos tres pasos con cada una de las croquetas y hasta terminar la pasta, poniendo el resultado en una bandeja que meteremos al frigorífico (o al congelador si no las vamos a comer de inmediato).

Pero aún nos queda freírlas, que no es moco de pavo. Para freírlas yo os recomiendo sacarlas de la nevera con antelación, pues los cambios de temperatura pueden hacer que se rompan. Pondremos abundante aceite en un cazo, el suficiente como para poder sumergir las croquetas, y lo calentaremos a fuego medio, no demasiado fuerte por lo mismo que os comentaba antes. Cuando esté caliente, introduciremos 4-5 croquetas por vez, les daremos la vuelta con cuidado y, cuando estén listas (unos 30-40 segundos por cada lado) las sacaremos a un plato con papel de cocina para escurrir el aceite sobrante antes de ponerlas en el plato donde las vayamos a servir.

Hecho esto, ¡por fin ha llegado el momento de disfrutarlas! Espero que así sea, que os guste y cojáis el gusto a cocinar este plato. Buen provecho compañeros de fatiga!!!

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103. Guiso de Abadejo al Azafrán (32 min).

La primera vez que probé este plato siendo “adulta” fue de la mano de mi prima Arantxa, un día de verano, al volver de la playa, y me encantó. Pero lo cierto es que, según me dijo después, la receta original era de mi yaya (la madre de mi padre). Luego hice memoria y sí que es verdad que recordaba a los dos, mi yayo y mi yaya, disfrutando de este plato que yo, en mi ignorancia de la niñez, no veía para nada atractivo. Y es que muchas veces hay que hacerse mayor para poder valorar muchas cosas y entender otras tantas, y yo cuando volví a probar el plato de manos de mi prima entendí que realmente era un “platazo”. Así que hoy, con especial agradecimiento a mi prima por habérmelo re-descubierto y en homenaje a mis yayos, voy a compartir hoy esta receta con vosotros. Espero que os guste tanto como a mí.

Vamos allá con los ingredientes, como siempre, para una ración de este plato:

  • 50 gr de cebolla limpia
  • 200 gr de abadejo (del lote que empezamos para nuestra anterior receta de Abadejo al cava con crujiente de puerros).
  • 120 gr de patatas de guarnición, ya limpias.
  • 220 ml de agua
  • Harina
  • 10 hebras de azafrán
  • 1 hojita de laurel
  • Sal
  • 3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra.
  • Un poco más de aceite (para freír el pescado)

Para preparar nuestra receta, lo primero que haremos será cortar la cebolla en tiras cortas, de 0,5 cm de ancho aproximadamente por 3-2 cm de largo. Cuando la tengamos, pondremos una cazuela antiadherente al fuego al 60% de potencia, con las tres cucharadas de aceite de oliva. Cuando el aceite se haya calentado, pondremos a rehogar la cebolla y la tendremos así, removiendo de vez en cuando, durante 7 minutos. Mientras tanto, pelaremos las patatas y las cortaremos por la mitad o en 3-4 partes, dependiendo de lo grandes que sean. En definitiva, nos han de quedar pedazos de unos 3 cm de diámetro. Os recomiendo en este paso, para que la salsa ligue, que al cortar las patatas en trozos, en el último momento las rompáis. Esta parte rota se deshará con más facilidad durante la cocción del guiso, engordando la salsa.

Cuando hayan pasado los 7 minutos de la cebolla, añadiremos la patata. Le daremos unas vueltas para que coja algo de calor y, seguidamente, le añadiremos sal, la hoja de laurel, el azafrán y los 220 ml de agua. Lo taparemos, bajaremos el fuego al 50% de potencia y empezaremos a contar el tiempo, pues, desde este momento, el guiso deberá estar al fuego un total de 20 minutos.

Mientras la primera parte del guiso está en marcha, abordaremos la segunda: el pescado. En este punto, salaremos y cortaremos nuestro abadejo en tacos, de unos 4 cm de lado en esta ocasión. Los pasaremos por harina y los freiremos en abundante aceite bien caliente (al 70% de potencia) durante 45 segundos por cada lado. Los sacaremos con cuidado de no romperlos y de escurrir bien el aceite sobrante. Lo reservaremos en un plato y lo incorporaremos al guiso cuando queden unos 10 minutos de cocción. Durante estos últimos 10 minutos, que ya nos irá quedando menos caldo, debemos tener la precaución de sacudir o “menear” nuestra cazuela de vez en cuando para evitar que se pegue al fondo y remover a la vez el contenido de la misma.

Cuando lleguemos a los 20 minutos, comprobaremos que la patata está hecha. Lo haremos pinchándola con un tenedor y, si no nos pone resistencia, es que está lista. Si lo está, apagamos el fuego y listo; si no lo está, lo aguantamos un poquito más al fuego hasta que la tengamos lista. Cuando lo tengamos, solamente nos quedará servir el guiso en nuestros platos hondos y ¡disfrutarlo!

¡Bueno provecho!

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102. Abadejo al Cava con Crujiente de Puerros (22 min).

Ya que teníamos la nata abierta de nuestra última receta, teníamos que darle salida, pues ya sabéis que ese es el objetivo de este blog: tirar lo menos posible. De todas las recetas posibles con nata, he pensado en esta para darle una alegría a mi amigo Mario, que de vez en cuando me protesta porque hago pocas recetas de pescado. Pues bien, en estos días vamos a hacer un par de recetillas con abadejo, primo hermano del bacalao. Espero que os gusten, vamos allá con los ingredientes de esta primera.

  • 70 gr de cebolla en limpia (de la que teníamos abierta de la receta anterior, nuestro revuelto cremoso de champiñón).
  • 4 cucharadas de nata líquida (de la que teníamos abierta de la receta anterior, nuestro revuelto cremoso de champiñón).
  • 100gr de abadejo en un taquito (yo lo he comprado congelado, pero también podéis usarlo fresco).
  • 15 cl de cava
  • 50 gr de puerro.
  • 3 cucharadas de aceite.
  • Sal

Preparar esta receta es de lo más sencillo y la verdad es que el sabor es delicioso (os recomiendo comprar pan el día que la hagáis, porque la salsita es un pecado).

Lo primero que haremos será picar la cebolla en cuadritos, y la rehogaremos en un cacito que pondremos al fuego, al 60% de potencia, con dos cucharadas de aceite, durante 7 minutos, removiendo de vez en cuando.

Durante este tiempo cortaremos el puerro en tiras finas, como tallarines y lo reservaremos.

Cuando hayan pasado los 7 minutos del rehogado de la cebolla, añadiremos el cava y cocinaremos durante 7 minutos más.

En este tiempo, aprovecharemos para freír el puerro. Esta operación es delicada y tuve que repetirla tres veces, la primera de ellas dejé la cocina perdida, jejeje; pero a la tercera va la vencida. Os cuento los trucos para que no os acordéis mal de mí. Lo primero será poner otro cazo al fuego con abundante aceite limpio (mejor cazo que sartén, porque al echar el puerro al aceite éste hervirá bastante y corremos riesgo de desbordamientos –habla la voz de la experiencia, jejeje-). Pues bien, si usamos cazo, lo llenaremos hasta 1/3 del mismo con aceite limpio y lo pondremos al fuego, al 70% de potencia. Cuando el aceite esté caliente, añadimos un pequeño puñado de tiras de puerro y mantenemos en el fuego durante unos 15 segundos, justo antes de que empiece a tostarse. Llegados a este punto, sacamos del fuego con una rasera a un plato con papel de cocina, para escurrir el aceite sobrante. Repetimos la operación hasta acabar con el puerro y reservamos el resultado.

Con este entretenimiento, seguro que nos han pasado los 7 minutos de reducción del cava. Cuando este tiempo pase, añadiremos las 4 cucharadas de nata y la sal, cocinando todo junto durante 4 minutos más.

En estos 4 minutos, pondremos una sartén al fuego, al 60% de potencia, con una cucharada de aceite. Sazonaremos el pescado y lo haremos en esta sartén vuelta y vuelta. Esto es, unos 45 segundos por cada lado. Sacamos del fuego y reservamos.

Ya casi hemos terminado, lo que tenemos que hacer ahora, cuando ya hayan pasado los últimos 4 minutos de la salsa, es triturar ésta con la batidora, para integrar la cebolla y convertirla en una salsa fina. Cuando lo tengamos, volvemos a poner al fuego e introducimos el filete de pescado, para que se integren los sabores. Cocinamos todo junto 2 minutos más y ¡listo! Ya podemos servir el pescado con un poco de salsa y un toque de nuestro crujiente de puerros. Lo llevamos a la mesa y ¡a disfrutar! Estará genial si además lo acompañáis del cava que no habéis utilizado 😉

Bon appetit!!

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101. Revuelto cremoso de Champiñón (14 min).

Después de la “trabajera” que nos dimos con la tarta, nos toca volver a las recetas para uno, fáciles, rápidas y ricas. Buen ejemplo de este tipo de recetas es la que vamos a preparar hoy, saliéndonos un poco de lo que cabría esperar de un revuelto con setas (ahora que ya estamos en otoño). Con esta versión, cambiamos sabores y texturas pero sin distorsionar el sabor principal del champiñón en este caso. Vamos allá con los ingredientes y el proceso, veréis qué fácil y qué rico. Necesitaremos para una ración:

Para preparar nuestra receta, lo primero que haremos será limpiar bien los champiñones y cortarlos en tiritas, más o menos del mismo tamaño de las tiritas de cebolla que habremos de cortar también. Cuando tengamos estas dos cosas cortadas, lo que haremos será poner una sartén al fuego, al 50% de potencia, con dos cucharadas de aceite. Cuando la sartén esté caliente, añadiremos la cebolla y la rehogaremos durante 5 minutos, removiendo de vez en cuando.

Mientras tanto, prepararemos una mezcla con el huevo, la nata y el brandy, batiéndolo todo muy bien con ayuda de un tenedor o unas varillas. Añadimos también sal y pimienta negra y reservamos.

Cuando tengamos pochada la cebolla, subiremos la potencia del fuego al 70% y agregaremos el champiñón, rehogando el conjunto durante 5 minutos más y removiendo, ahora, más frecuentemente. Pasado este tiempo, añadimos una pizca de sal al champiñón, removemos y vamos añadiendo cucharadas de la mezcla de huevo en hilo (es decir, en un chorrito fino que verteremos directamente sobre el fondo libre o las paredes de la sartén para que se cuaje con esta forma). Iremos añadiendo la mezcla de huevo y cuajándola “en hilo” hasta que la hayamos terminado y esté integrada con el salteado de champiñón. Llegados a este punto, ya lo tenemos listo. Sólo nos queda pasar el revuelto a un cuenco y servirlo acompañado de un poco de pan tostado y ¡a disfrutarlo! Ya me diréis si os gusta tanto como a mí. 😉

Disfrutad!

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