123. Tocino de cielo (45 min + reposo)

Hoy tenemos entre manos una receta que está pensada para hacerse a la vez que los Nuggets light, pues para ella vamos a emplear las tres yemas que venían junto a las tres claras que usamos en la receta anterior. En realidad, el tocino de cielo siempre ha sido una receta de “aprovechamiento”, pues tiene su origen en Jerez. En esta zona, para aumentar la limpidez de los vinos, usaban claras de huevo en el proceso que llamaban clarificación. ¡Imaginaos la producción de vino de Jerez y la cantidad de claras que necesitaban para este proceso! Pues bien, los bodegueros de la zona fueron conscientes de que era “un crimen” tirar todas las yemas que no se usaban, así que las llevaban a las monjas y ellas acabaron inventando este pedazo de postre. Así que, tanto por su origen, como por su sabor y, cómo no, por su relación con el vino 😉 el tocino de cielo se posiciona como uno de mis postres favoritos.

En honor a la verdad, he de deciros que la receta que os traigo hoy parece sencilla (y en realidad lo es) pero a mí me costó tres intentos el conseguir que quedara bien. (Sí, lo reconozco, no soy perfecta, jejejeje). De hecho, quiero compartir con vosotros la foto de uno de estos fracasos para demostrar mi “humanidad” 😉 y hacer hincapié en una recomendación: en esta ocasión sí que os recomiendo ser exactos en las medidas, en los tiempos y en la descripción del proceso para evitar lamentaciones. El que avisa, no es traidor.

Tocino de Cielo "Fallido"

Tocino de Cielo “Fallido”

Vamos allá con la lista de ingredientes:

  • 3 yemas de huevo (las que no usamos en la receta de los Nuggets Light).
  • 125 gr de azúcar blanco
  • 62,5 gr de agua
  • 2 cucharadas de azúcar
  • 1 cucharada de agua

Para empezar nuestra receta, lo primero que haremos será poner un cazo pequeño sobre la báscula, la ponemos a cero y pesamos los 62 gr de agua (también pueden ser 63, jeje, pero no más) Tras ello, volvemos a ponerla a cero y añadimos los 125 gr de azúcar blanco. Cuando lo tengamos, ponemos al fuego, al 60% de potencia, durante 9 minutos. Durante este tiempo, removeremos a menudo para que nos quede un almíbar uniforme y estaremos muy atentos para conseguir el punto adecuado. En los libros veréis que a este punto lo llaman “de hilo fino” lo cual significa (lo descubrí con tras los dos intentos fallidos) que el almíbar tenga la textura de gel de ducha. Como lo normal no es remover el gel de ducha con una cuchara… cuando veamos que empieza espesar iremos comprobando de vez en cuando la textura, cogiendo un poco de almíbar con la cuchara y dejándolo caer. Cuando en vez de caer en forma de gotas empiece a caer de forma más continua (aquí sí, como el gel de ducha o el jabón líquido para las manos), apagaremos el fuego y verteremos el almíbar en un bol para cortar la cocción.

Debemos dejar enfriar el almíbar bastante, así que si vais con prisa, metedlo en la nevera y, si tenéis más prisa aún, en el congelador.

Durante este tiempo de espera, aprovecharemos para preparar el caramelo para poner en el fondo del molde. En mi caso, yo usé dos moldecitos individuales, en forma de lingote, de 6x4cm de lado y de 4cm de alto.

El caramelo lo prepararemos con ayuda de una sartén, en la que pondremos las dos cucharadas de azúcar y la cucharada de agua. Removeremos ligeramente y encenderemos el fuego al máximo, dejando quieto ahora el contenido hasta que empiece a coger color marrón (caramelo). En ese momento, sí que removeremos el contenido de la sartén, retiraremos del fuego y verteremos directamente la cantidad deseada en el fondo de los moldes. Rápidamente, moveremos el caramelo para que cubra bien todo el fondo del molde antes de espesarse. Para terminar de preparar los moldes, usaremos una pizca del almíbar para embadurnas las paredes, lo que nos facilitará al final la extracción del postre.

Ahora sólo nos queda esperar a que el almíbar esté frío. Cuando lo tengamos, comprobaremos la textura (ahora estará más espeso, casi como miel) y la ausencia de grumos (puede que se nos haya formado algún cristal de azúcar que habrá que eliminar. Ahora es el momento de coger las yemas, batirlas y medir su volumen; ya que, por cada “parte” de yemas, debemos añadir “dos partes” de almíbar. Este es otro detalle importante, no lo paséis por alto 😉  Mezclamos bien las yemas con el almíbar y vertemos después la mezcla en los moldes (o molde individual).

Ahora llega el paso final: la cocción. Para ello, prepararemos una cazuela con agua (cuidado, no demasiada para que no tengamos peligro de que el agua entre al molde, dejad 1-2cm de margen). Un truco para evitar que los borboteos vuelquen el molde, es poner un par de capas de papel de cocina en el fondo del agua. Encendemos el fuego, al 60% de potencia y, cuando el agua esté calentita, introduciremos los moldes con cuidado y cubriremos la cazuela con un paño de cocina y, después, con su propia tapa. Este otro “truco” nos ayudará a evitar que el agua que se condense en la tapa caiga dentro del molde. Cuando tengamos nuestro “montaje” contaremos el tiempo, pues como mínimo necesitará 12 minutos de cocción. Pasados los 12 minutos, ir comprobando el “punto” pinchando el contenido de los moldes con un cuchillo afilado. Cuando el cuchillo salga prácticamente limpio, apagaremos el fuego y retiraremos los moldes con cuidado de no quemarnos.

Dejamos enfriar (mejor tapados y en la nevera) y luchamos con la tentación de comerlo durante un par de horas al menos. Pasado este tiempo, repasamos los bordes del molde con un cuchillo afilado y lo volcamos sobre el plato donde lo vayamos a servir. Dejamos que caiga (dale tiempo, y algún golpecito, y acabará haciéndolo), cogemos una cucharilla y ¡a disfrutar!

¡Espero que os guste!

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121. Berenjenas en Salsa de Miso (35 min)

¡Buenas! Sé que llevo un poco de retraso, pero he tenido algún problema técnico de última hora con una receta rebelde… Pero tranquilos, que no es esta, jejeje. La receta en cuestión ya os la comentaré más adelante, hoy nos vamos a poner con la siguiente aplicación de la pasta miso, pues si habéis comprado un botecito, habrá que darle salida con otros platos ¿no? Pues manos a la obra!

El plato que os presento hoy lo probé por primera vez en un restaurante de Majadahonda, el Xinito. ¿Lo conocéis? Merece la pena hacerla una visita, no es lo que se dice barato, pero sí que es muy apetecible. Si vais, no dejéis de probar este plato, que desde luego también es un clásico de la cocina asiática.

¿Os apetece que empecemos? Pues vamos con la lista de ingredientes para nuestra ración:

  • 120 gr de berenjena (esto es una pequeña, pero con las cantidades de salsa que vamos a preparar admitiría la berenjena entera).
  • 15 gr de cebolla roja.
  • 70 gr de salsa miso (de la que comenzamos con el Salteado de Arroz y Judías Verdes)
  • 120 ml de sake
  • 100 ml de agua
  • 2 cucharaditas de salsa nuoc mam (salsa de pescado oriental, ya la encontraréis en hipermercados).
  • 5 cucharaditas de aceite de girasol (3 para las berenjenas y 2 para el arroz)
  • 1 tacita, de las de moka de arroz basmati (igualmente desde el que empezamos para el salteado de arroz).
  • 1 tacita, de las de moka, de agua.
  • Sal, aunque con prudencia, porque recordad que la salsa miso ya lleva sal.
  • 1 cucharadita de aceite de sésamo tostado.

Para preparar nuestro plato, lo primero que haremos será preparar el arroz. Esta vez lo vamos a preparar de la forma que lo hacen en Perú (y creo que también en Asia, pero no lo tengo claro). Cogeremos una cazuela antiadherente (mejor si tiene el fondo grueso) y meteremos en ella la tacita de arroz, la tacita de agua y una pizca de sal. Lo pondremos al fuego, al 60% de potencia, y lo tendremos allí 10 minutos hirviendo con la tapadera puesta. Después, apagamos el fuego y dejamos reposar, aún con la tapa puesta, otros 10 minutos.

Paralelamente a esto, vamos a preparar el resto del plato. Pelaremos y cortaremos la berenjena en bastones como de 1 cm de grosor (como si fueran para patatas fritas). Los salamos muy ligeramente y reservamos.

A continuación, cogeremos la cebolla roja y la picaremos lo más finamente posible, porque luego la salsa no se tritura y debe tener una consistencia suave. Cuando la tengamos, pondremos un pequeño cazo al fuego, al 60% de potencia, y le añadiremos 2 cucharaditas de aceite de girasol. Cuando esté caliente, añadiremos la cebolla y rehogaremos durante 3 minutos, hasta que empiece a dorarse. Entonces será cuando añadiremos el sake, y dejaremos que reduzca 3 minutos más. Añadiremos entonces la salsa miso, y removeremos hasta que quede completamente disuelta. Cuando la hayamos integrado, añadiremos el agua con las dos cucharaditas de nuoc mam disueltas. Dejamos cocinar durante 6 minutos.

Inmediatamente después, en otro fuego, pondremos a calentar nuestro wok (al 70% de potencia). Cuando esté caliente, añadiremos otras 2 cucharaditas de aceite de girasol, y tras ellas añadiremos la berenjena, que cocinaremos durante 5 minutos removiendo a menudo (justo el tiempo que le falta a la salsa para estar lista). Cuando haya pasado el tiempo de la salsa, la verteremos directamente en el wok sobre la berenjena; removeremos y dejaremos que se evapore y tome consistencia cremosa. Mientras tanto, pondremos la cazuela del arroz sobre el fuego que quedo libre, para que vuelva a templarse con el calor residual de haber cocinado la salsa.

Cuando tengamos la consistencia que queremos para la berenjena (habrán pasado unos 3 minutos más aproximadamente), apagaremos el fuego. Al arroz le añadiremos 1 cucharadita de aceite de sésamo tostado y removeremos con un tenedor para que quede suelto.
Por último, servimos la berenjena con el arroz y un poco de sésamo espolvoreado por encima.

¡Y a disfrutar se ha dicho!

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120. Salteado de Arroz y Judías Verdes con salsa Miso (30 min)

Hoy tenemos entre manos una receta sencillísima pero muy muy sabrosa. Y es que la pasta miso es un inventazo traído de oriente que merece la pena conocer. Para los que no lo conozcáis, la pasta miso es un condimento indispensable de la cocina japonesa y china, que se prepara a base de soja fermentada. Para conseguirlo, tendréis que dar alguna que otra vuelta, pero cada vez es más fácil encontrarlo ya en supermercados gourmet o en las propias tiendas de alimentación asiática. En mi caso, lo compré en una de las tiendas que hay en la galería subterránea de la Plaza de España, en Madrid. Un lugar curioso por el que merece la pena pasar al menos una vez en la vida.

Pues bien, vamos allá con nuestra primera receta con la pasta miso. Aquí los ingredientes, como siempre, para una ración:

  • 55 gr de judías verdes frescas, enteras (las que nos sobraron tras preparar la Menestra).
  • 70 gr de arroz basmati
  • 6 gr de apio (del que aún nos sobraba tras preparar el Vitello Tonato).
  • 3 cucharadas de aceite de girasol
  • ½ vaina de cayena
  • ½ cucharadita de jengibre fresco rallado
  • 1 cucharadita de pasta miso (miso normal o miso blanco)

Para preparar nuestra receta, lo primero que hemos de hacer es poner una cazuela con agua al fuego, para llevarla a ebullición. Mientras el agua se calienta, limpiaremos las judías verdes y las cortaremos en “rodajitas”, como las de la foto, de unos 2 mm de grosor y el ancho de la judía. Pretendemos que nos queden una especie de fideos, que reservaremos hasta que el agua empiece a hervir. Cuando esto ocurra, echaremos las tiras de judías verdes al agua y las mantendremos ahí durante 3 minutos. Las pescaremos con un colador y las meteremos en agua fría para cortar la cocción (como culturilla general, deciros que a esta operación, se le llama blanquear, jejeje).

Cuando hayamos terminado de sacar las judías, añadiremos al agua el arroz basmati, y mantendremos hirviendo hasta dejarlo al dente (basaros en el tiempo que indique el fabricante en el paquete, pero serán unos 10-12 minutos aproximadamente).
Mientras el arroz se está cocinando, aprovecharemos para limpiar el apio de sus hebras y picarlo finamente. Reservamos. Rallamos también el jengibre si no lo hemos hecho ya y reservamos también. Dejamos a mano el resto de los ingredientes para el salteado final.

Cuando el arroz esté listo, lo sacaremos del agua y escurriremos bien (si no vais con prisa, dadle tiempo para que elimine todo el agua). Cuando lo tengamos listo, cogeremos nuestro wok (también vale una sartén antiadherente mediana) y lo pondremos al fuego, al 70% de potencia. Cuando esté caliente, añadiremos las 3 cucharadas de aceite de girasol, la pasta miso, la cayena, el apio y el jengibre, y removeremos durante 1 min para que la pasta miso se deshaga y se integren bien todos los ingredientes.

Cuando haya pasado este minuto, añadiremos las judías verdes, mezclaremos con la salsa, y a continuación añadiremos el arroz y saltearemos durante un par de minutos, hasta que todos los ingredientes estén bien integrados y empiecen a dorarse ligeramente los granos de arroz. Probamos de sal y añadimos si es necesario (la pasta miso ya lleva sal, así que conviene ser prudentes con ella).

Servimos y ¡¡a disfrutar!! El sabor os sorprenderá, os lo aseguro.

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118. Guisantes salteados con Huevo Mollet (35 min)

Ayer encontré en el Mercado de Chamartín unos guisantes tan frescos (aquí tenéis la muestra) que me decanté por prepararlos en una receta que fuera sencilla y que no llevara muchos ingredientes para poder apreciar el sabor original.
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El resultado, ¡lo tenemos entre manos! Estos guisantes cocidos y salteados ligeramente con un huevo mollet para darles aún más sedosidad (la verdad es que estaban buenos-buenos! Jejeje).
Vamos allá con los ingredientes, como siempre, para una ración:

  • 300 gr de guisantes frescos (comprad 100 gr más que los utilizaremos para la siguiente receta).
  • 25 gr de cebolla dulce, limpia
  • 10 gr de tocino fresco (del que nos sobró tras preparar nuestro paté de perdiz con caviar de aceituna negra).
  • 1/3 de cucharadita, de las de moka, de pimentón
  • 2 cucharadas de aceite
  • 1 huevo
  • Sal

Para preparar nuestro plato, lo primero que debemos hacer es abrir las vainas de los guisantes y extraerlos, es la parte más entretenida y la que suma, al menos, 10 minutos del tiempo total de preparación que os indicaba arriba. Tened paciencia, poned algo de música y, cuando hayais limpiado la mitad, poned al fuego una cazuela con abundante agua, pero sin sal (la sal nos deshidrataría los guisantes y haría que nos quedasen arrugados). Cuando tengamos los guisantes limpios y el agua hirviendo, los echaremos y cocinaremos junto con el pedacito de tocino, durante 20 minutos a fuego suave (al 60% de potencia).
Durante estos 20 minutos, nos dará tiempo para picar muy finamente la cebolla y rehogarla en una sartén con 2 cucharadas de aceite. La pondremos al 50% de potencia y rehogaremos durante 5 minutos, removiendo a menudo para evitar que se queme. Cuando hayan pasado los 5 minutos, añadimos el pimentón, removemos y apagamos el fuego, reservando la sartén tal cual hasta que vayamos a rematar el plato.

Como a los guisantes aún les quedará tiempo, nos entretendremos ahora en los preparativos para el huevo mollet. Para prepararlo, lo primero que haremos será poner otro cazo al fuego con agua a calentar, a fuego fuerte hasta que llegue a ebullición. Por otro lado, necesitaremos una taza y un cuadrado mediano de papel film. Con los dedos mojados en unas gotas de aceite, untaremos la cara interna del papel film (para evitar que el huevo se pegue) y luego lo colocaremos siguiendo la forma cóncava de la taza (como en la foto que os pongo a continuación. Salaremos ligeramente y tras ello cerraremos el papel film cogiendo todos los extremos, formando un pequeño saco que nos deje huevo en el centro. Enrollamos el extremo y lo sujetamos firmemente con una goma elástica para evitar que se desmonte.

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Ya casi hemos llegado a la fase final del plato!! En este punto ya habrán pasado los 20 minutos de los guisantes, así que los sacaremos de la olla y los escurriremos bien. Tendremos ya, también, el cazo con agua hirviendo para el huevo; así que bajaremos la potencia de ese fuego al 50%, introduciremos el saquito con el huevo y cronometraremos (muy importante ser exactos) 4 minutos (4 min 30 segundos si os gusta más cuajado). Cuando hayamos metido el huevo en el agua, volveremos a encender el fuego de la sartén (al 50% de potencia) y añadiremos los guisantes y sal al gusto. Saltearemos durante 3 minutos, removiendo a menudo y tras ello los emplataremos inmediatamente. Poco después vencerán los 4 minutos del huevo, así que lo sacaremos del agua a un plato, quitaremos la goma (o cortaremos el film, lo que más cómodo os resulte) y lo “pelaremos” con cuidado para evitar que se rompa. Pondremos finalmente nuestro huevo sobre los guisantes y lo romperemos con la punta del cuchillo justo cuando lleguemos a la mesa….

Ummmm! Ya sólo queda disfrutarlo!! Espero que os guste. ¡Bon appetit, mes amis!

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116. Pimientos rellenos de Ternera, Senderillas y Piñones (27 min)

Continuamos con nuestra racha carnívora aprovechando nuestro pedacito de redondo de ternera para preparar este fantástico plato. Soy “súper fan” de los pimientos del piquillo, pero siempre solía hacerlos al horno, hasta que un día en una vinoteca de Majadahonda llamada La Abadía, los probé rebozados por primera vez. ¡Qué gusto da cuando te abren los ojos gastronómicamente hacia nuevas posibilidades de recetas! Pues bien, hoy os presento esta creación, recién salida de mi “taller” que os recomiendo que, al igual que en La Abadía, la maridéis con un buen vino.

Vamos allá con los ingredientes (para 6 pimientos):

  • 200 gr de redondo de ternera (del que dejamos reservado tras preparar el Vitello Tonato).
  • 8 gr de piñones (de los que habíamos empezado para preparar la guarnición de la Perdiz con Mole).
  • 65 gr de cebolla, limpia.
  • 4 gr de senderillas deshidratadas (si vais a comprar setas deshidratadas, comprad también boletus o ceps deshidratados, que en breve os voy a presentar una receta con esta otra variedad).
  • 3 cucharadas de aceite de oliva virgen extra.
  • 6 pimientos del piquillo enteros en conserva (si podéis comprar una lata que tenga alguno más, mejor, pues también usaremos los sobrantes para la próxima receta).
  • 1 huevo
  • Sal
  • Pimienta Negra
  • Harina
  • Aceite extra para freír.

Para preparar nuestra receta, lo primero que debemos hacer es poner a hidratar las setas en una taza pequeña llena de agua tibia. Tras ello, sacaremos los pimientos que vamos a utilizar de la lata y el resto los conservaremos en la nevera con el líquido de la propia conserva. Tras ello, llegará el turno de picar la cebolla y dejarla reservada y, por último, de tostar ligeramente los piñones en una sartén sin nada de aceite y picarlos un poco (cuando ya no quemen, jejejeje). Con todo esto, ya tenemos nuestro “mise en place” y podremos arrancar con la parte “seria” de la receta. ¡Vamos allá!

Pondremos a calentar ahora una sartén pequeña, con las 3 cucharadas de aceite, al 50% de potencia. Cuando el aceite se haya templado, añadiremos la cebolla y rehogaremos durante 7 minutos, removiendo de vez en cuando. Al mismo tiempo, y cuando las setas se hayan hidratado, las escurriremos bien y las picaremos groseramente, para añadirlas a la sartén cuando hayan pasado los 7 minutos que comentábamos. Rehogamos dos minutos más, apagamos el fuego y dejamos reposar unos minutos.

Estos minutos los emplearemos para picar la carne. Cortaremos nuestra pieza en tiras finas y luego las meteremos en el accesorio picador de la batidora junto con un poco de sal y pimienta negra recién molida, para terminar de picarla. Cuando la tengamos, la pasamos a un bol y le añadimos el contenido de la sartén y los piñones.

Ya casi tenemos listo el relleno, así que vamos a ir preparando un par de platos para el rebozado. Uno de ellos lo pondremos con un poco de harina y el otro con la clara del huevo y media yema. ¡Media yema! (me diréis) Pues sí, porque justo media yema es lo que necesitamos para añadir a la carne (si la añadimos toda, para esta cantidad de carne, se nos va a licuar demasiado). ¿Cómo hacerlo? Pues separáis la clara de la yema con las manos, dejando la yema en el cuenco de la mano y dejando la clara escurrir entre los dedos y luego “pinchamos” con el pulgar la yema para vaciar la mitad y añadirla a la carne y la otra mitad al plato de la clara, que batiremos para usarlo en el rebozado.

Mezclamos bien el cuenco de la carne con las manos. Nos las lavamos 😉 y pasamos a rellenar los pimientos, apretando suavemente el contenido. Cuando los tengamos rellenos, ponemos una sartén con abundante aceite a calentar, al 60% de potencia. Y mientras el aceite se calienta vamos pasando los pimientos por harina (que lo cubra por todos los lados pero no nos queden “pegotes” y luego por huevo. Nos aseguramos de que el aceite está caliente echando en él un pelín de huevo y, cuando burbujee, es el momento de introducir en él los pimientos. Los freiremos aproximadamente un minuto por cada lado. Los sacaremos a un plato forrado con papel de cocina para eliminar el exceso de aceite y ¡listo!

Os van a encantar!! Y si no, contádmelo 😉

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111. Tallarines a la Putanesca (21 min)

La primera vez que pedí este plato en un restaurante casi me dio vergüenza pronunciarlo, y es que el nombre me sonaba fatal. El caso es que no iba desencaminada, pues ahora, cuando me he documentado un poco más sobre este plato antes de contaros cómo hacerlo, he descubierto que efectivamente el término putanesca hace referencia al “estilo de las prostitutas”. Lo que no queda claro en cuanto al origen es si era una receta de uso general en los prostíbulos italianos o si era una receta magistral de alguna meretriz en concreto. Sea como fuere, es una receta que nosotros vamos a utilizar hoy para irle dando salida a las alcaparras que empleamos para hacer la salsa tártara en nuestra última receta.

Vamos allá, si os parece, con la lista de ingredientes para una ración:

  • 70 gr de tallarines
  • 12 gr de alcaparras (=1 cucharada. De las que empezamos en la receta de Fish & Chips).
  • 1/3 de diente de ajo
  • 1 cayena
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • 5 filetes de anchoa en conserva (comprad un botecito mediano, que el resto lo vamos a usar en próximas recetas).
  • 15 gr de aceitunas negras sin hueso (Unas 5 unidades. Conservad el resto de aceitunas con el propio caldo, en un bote de cristal en la nevera, que lo usaremos también en próximas recetas).
  • 180 gr de tomates maduros
  • ½ cucharadita de las de moka de orégano seco.
  • Sal

Para preparar nuestro plato, lo primero que haremos será pesar y disponer todos nuestros ingredientes por separado en la mesa de trabajo o, lo que es lo mismo, preparar nuestro “mise en place”, vital para luego poder hacer toda la receta de carrerilla. Mientras hacemos estos preparativos, podemos poner una cazuela con agua y sal al fuego, para que la tengamos hirviendo cuando haya que poner la pasta a cocer. El resto de preparativos será picar finamente las alcaparras y el ajo, cortar las aceitunas en rodajitas, picar groseramente las anchoas y pelar los tomates y cortarlos en taquitos.

Cuando tengamos cortado todo lo anterior, pondremos una sartén pequeña al fuego, al 50% de potencia, con dos cucharadas de aceite de oliva. Cuando el aceite se haya calentado, añadiremos la cayena y el ajo picado. 30 segundos después, añadiremos las alcaparras, las aceitunas y las anchoas, y rehogaremos durante 2 minutos, removiendo de vez en cuando. Pasado este tiempo, añadiremos los tomates picados y subiremos el fuego al 60% de potencia. Mantendremos en la sartén durante 7 minutos, removiendo de vez en cuando para que se integre bien la salsa.

Estos 7 minutos es justo lo que necesitaremos para meter los tallarines en el agua hirviendo y que terminen de cocerse al tiempo que se termine la salsa.

Y así será, cuando hayan pasado los 7 minutos, apagamos los dos fuegos, escurrimos bien la pasta. Añadimos el orégano a la salsa y comprobamos la sazón (recordad que no le hemos añadido sal, ya que las anchoas normalmente le aportan suficiente). Pondremos los tallarines en el plato de servicio con un pelín de aceite de oliva en crudo, y servimos con la salsa por encima (a la que le habremos sacado la vaina de cayena si no queremos sorpresas… jejeje). ¡Y a disfrutar de nuestro sórdido plato! 😉

Espero que os guste.

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